Elida Z. Solórzano
El pueblo católico nicaragüense ha sido ofendido por la exhibición de la película “El crimen del padre Amaro” que, no por casualidad, se comenzó a exhibir la noche de “Halloween” (o de las brujas), ocasión especial para los adoradores de Satanás y ocultistas, que con su astucia y debido al secularismo reinante, han convencido al pueblo consumista e ingenuo de celebrarlo también como una fiesta inofensiva, incluso de niños.
La película referida es realmente una terrible ofensa a Dios y a su Madre que gracias a la falta de cooperación del Ministerio de Gobernación se exhibió sin ninguna restricción en Nicaragua. Mientras en otros países latinoamericanos, por ejemplo El Salvador, se limitó a mostrarse en altas horas de la noche y solamente para adultos, en Nicaragua no se le puso ninguna restricción. El Ministerio de Gobernación contestó a las muchísimas protestas, aduciendo que Nicaragua es un país donde prevalece “la libertad empresarial”. Es una extraña libertad irrestricta que entiende este Ministerio, ya que si se hubiera dicho que estaba sirviéndose comida descompuesta en algún restaurante, no creo que las autoridades hubieran respondido, “cada quién es libre para vender lo que quiere”. En época del gobierno de Doña Violeta, se prohibió la película “La última tentación de Cristo” y estábamos también con libertad empresarial. Sin embargo, se respetaron la moralidad pública y las buenas costumbres que aún están en el Código Penal vigente, Capítulo IV, Artículo 560.
Sin embargo, la reacción gubernamental encaja perfectamente con todo el ataque orquestado que ha habido contra la Iglesia desde el momento que el Cardenal protestó hace dos años por palabras pronunciadas en la reunión de unas ONG locales con representantes de otras ONG extranjeras mal llamadas “católicas”. Me refiero a las “Católicas por el Derecho a Decidir” (derecho a decidir significa pro-aborto). En esa reunión se levantó una feminista y preguntó que “si no había alguna estrategia en los países de Centroamérica para eliminar figurativamente a ciertos cardenales y sacerdotes…” Desde entonces salen a diario en ciertos periódicos nicaragüenses hasta tres artículos por día, dibujos, noticias desinformadas, todo con el fin de socavar el respeto a la autoridad Católica.
La película “El crimen del padre Amaro” sacrílegamente muestra al sacerdote envuelto en el manto de una estatua de la Virgen María, cometer el acto sexual con una joven mientras le dice que ella es más linda que la virgen. Además en la película una feligresa de la parroquia se lleva una hostia consagrada, llevándola a su gato que está enfermo. El padre Amaro luego lleva a que le practiquen un aborto a su joven amante. Por otro lado involucran a un líder de la iglesia con el narcotráfico. ¡Qué clase de veneno están poniendo en las mentes de los nicaragüenses! Y cómo se puede estar enseñando semejante sacrilegio en esta tierra devota al Santísimo y a la Madre de Dios que es también la Madre de todos los católicos.
Al desamparo gubernamental, muchos —entre ellos yo— llamaron a los dueños de cines rogándoles, aunque fuera por medio de razones dejadas en sus celulares, que por amor de Dios, no trajeran más maldiciones a Nicaragua por los sacrilegios de esa película. Pero no hubo reacción. ¡Cuándo van a entender que con lo sagrado no se juega! Ya mataron a un obispo en la historia pasada y en la más reciente irrespetaron al mismo vicario de Cristo, en plena celebración de la Eucarística. Ya no digamos la campaña disfamadora constante, buscando cómo restarle dignidad al sacerdocio a todo nivel. En esta vida, desgraciadamente, pagamos justos por pecadores. Estas acciones no traen bendiciones de Dios sino del reino de las tinieblas, que son maldiciones. Hay que hacer mucha oración y penitencia en reparación por estos actos sacrílegos que manchan el alma de nuestra patria.
La autora es socióloga.