“Vivimos en una sociedad enferma”

Alberto Rivera M.

La acción o el atentado de un hombre, ex militar mentalmente enfermo y agravado por la ebriedad, el martes veintidós de octubre contra LA PRENSA, lo demuestra: vivimos en una sociedad mentalmente enferma. El protagonista del criticado hecho buscaba llamar la atención de los agentes políticos y de la población por medio del principal medio de comunicación social nacional.

Nuestra sociedad está enferma porque miles de nuestros conciudadanos padecen de un mal heredado por tantos años de guerra y de permanentes conflictos.

El pequeño Larousse define a la psicosis como: “Nombre general de todas las enfermedades mentales”. “Obsesión constante y pertinaz” y da como ejemplo la psicosis de guerra.

Miles de combatientes cobijados por su respectiva bandera ideológica-política se enfrentaron en una prolongada guerra fratricida, escenificando cruentos combates que les impactaron y que les lesionaron para siempre sus mentes.

Algo peor: la dureza de semejante guerra, las katiuskas, los helicópteros, los tanques, los camiones, los cañones, tanta sangre, tanta muerte por ambos lados, impactó y lesionó para siempre las mentes de miles de ciudadanos, niños, niñas, que tuvieron como propia vivencia las escenas más duras y crueles que en película alguna pudieran haber contemplado.

¿Qué han hecho nuestras instituciones, los medios de comunicación social, para que tanto afectado olvide tan criminales escenas?, quizás algo, no lo suficiente, si no es que más bien a veces se ha contribuido a revivirlas. La enfermedad perdura y con una pequeña provocación aflora. Estamos llenos de “Rambos” de ambos sexos. Debemos convivir con mucho cuidado, con muchísima tolerancia, con una gran dosis de comprensión.

Lo de LA PRENSA se supo de inmediato y, afortunadamente, no pasó a más de una amenaza, de una intimidación, de un abuso y de las tipificaciones delictivas que se le imputen o de una muestra de angustiosa necesidad de impacto social que la perturbada mente del protagonista consideró como instrumento o medio para llamar a las partes de un real conflicto a la armonía.

Aquí, Nicaragua adentro, con mucha frecuencia se ven escenas de violencia. Con mucha facilidad aparecen, como brotados de la tierra, grupos armados, a veces simplemente asociados para delinquir; otras, enarbolando banderas con tinte político.

Doña Violeta supo manejar la irregular situación de los rearmados, sin embargo, siempre está latente la tentación y el peligro de los “rearmes”.

Como remedio nuestra sociedad necesita: aplicación de la ley, pero más que todo, amor, comprensión y perdón, ingredientes de la Doctrina Cristiana, que no manda a: Orar por nuestros enemigos y que nos recuerda: “Si tu hermano te ofende, perdónale y si siete veces siete te ofende, siete veces siete perdónale!”

Dirán algunos: “Yo no meto la otra mejilla para que me den”, y otros más atrevidos, se sentirán limpios y dignos, tan limpios y dignos, que no dudarán en lanzar la primera piedra contra cualquiera que quebrante la norma establecida por nuestros legisladores. Es muy difícil ser revolucionariamente cristianos, pero es saludable para nuestra enferma sociedad.

El autor es periodista de San Rafael del Norte.  

Editorial
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