Lorena Zamora-Rivas
Cosas buenas están pasando que deberían destacarse para que la población reciba un golpe de esperanza. Pasar de un 132 lugar a un honroso 9no. lugar como país para invertir es extraordinario, positivo, bueno para Nicaragua. AID vino con una serie de recursos, muy importantes, concretos, en rubros que han sido reclamados como de suma importancia. Hay que repetir y repetir lo bueno, señalar el cielo soleado, para buscar y caminar hacia ese lugar.
Los 2.2 millones de dólares de fondos del Milenium aportados para la educación, por Estados Unidos y anunciados por el Sr. Adolfo Franco, jefe para América Latina de USAID, están dirigidos a mejorar la educación en Nicaragua. Estos fondos serán canalizados por la Agencia de la Educación para el Desarrollo y a través de Amcham, Eduquemos y la Fundación Americana. En el caso del programa de Apadrinamiento/Amadrinamiento promovido por el Comité de Educación de Amcham, los fondos van a beneficiar directamente a las 70 escuelas. Y lo novedoso de esto es que tiene relación directa con el involucramiento de los padrinos y madrinas en los centros de estudio. Es un “matching fund” de lo que aporta cada padrino o madrina, a las escuelas, sea esto por mejoramiento a la infraestructura, comedores, vasos de leche, gestiones, compensación a maestros, becas, etc. Todo será cuantificado y en directa proporción se les darán los recursos adicionales para que estos centros mejoren aún más. Para esto se necesita que los mismos maestros, padres de familia, alumnos, se preocupen porque este esfuerzo tenga los éxitos deseados, y es que los y las estudiantes tengan una sustancial mejoría en la calidad de educación. Lo que es altamente positivo es que cada quien recibirá de acuerdo a lo que trabajó. Por eso hago un llamado a que realmente le pongamos corazón, porque de eso dependerá que se puede o no aprovechar al máximo esta generosa ayuda que hoy brinda el pueblo y gobierno de Estados Unidos.
Pero el dinero no es todo. Sí, resuelve una parte importante de todo lo complejo que se requiere para una buena educación. Pero si las personas no le sacan provecho, se puede tener palacios, y todo lo mejor, y no servirá para nada, mientras una mente no se alimente de esto. Hay que insistir en que los niños y niñas adquieran una educación de calidad. La riqueza de un pueblo no está únicamente en sus recursos naturales, sino en la riqueza y preparación de su gente. Así, lugares como Japón, con limitaciones geográficas tremendas, son una potencia, pero es que su cultura los hace que cada uno de ellos se exija a dar todo lo que puede. Una vez decidieron dar el 40 por ciento de su presupuesto a la educación y cultura. Esa inversión hoy tiene el retorno mas “jugoso” que cualquier negocio sueña. No se conforman con “más o menos”. Buscan el 100 por ciento. Y obviamente el producto final es una sociedad altamente competitiva, productiva, y eficiente.
Por eso, hoy, no mañana, hoy, hay que decidir y asumir acciones orientadas a velar que ningún niño se quede sin escuela. Antes de porcentajes para otros rubros, está la obligación para con esa población que no tiene ni siguiera la oportunidad para asistir a educación básica. Hay que enfocarse en la educación técnica. Las empresas requieren de hombres y mujeres con las más variadas calificaciones, cada uno con excelencia en su campo.
Es imperativo educarse, pero no sólo en los conocimientos que permitan obtener títulos, sino en valores morales, en orgullo cívico, en reconocer a cada persona como parte de un todo y que es fundamental que esto deje de ser un discurso y se empiece a poner en práctica. El presupuesto para educación es insuficiente pero Nicaragua no tiene más. Ante la terrible realidad de falta de recursos hay que navegar con lo que se puede y no con lo que se debe tener como derecho. Esto se aplica a todos los aspectos de la vida. De otra manera, predomina el egoísmo, el egocentrismo, que no ve más allá de su propia imagen, y el resto, “a mí que me importa”, como las voces que se escuchan exigiendo el cumplimiento de algunos derechos constitucionales que son aspiraciones legítimas, pero que no es posible alcanzarlos en este momento en su totalidad, pues no se corresponden a la realidad económica que tiene el país. Pero antes de esos derechos están las obligaciones con esta nación. Únicamente con el esfuerzo y voluntad, es que se puede saciar las necesidades, todos jalando al mismo tiempo y en la misma dirección. Hay muchos retos. Es necesario enfocarse en lo que puede abrir el camino hacia el progreso educativo.
La autora es coordinadora del Comité de Educación de Amcham.