José Alberto Vega M.
El día martes diecinueve
del mes dos,
por la mañana del año
dos mil dos,
pensando con el corazón
en usted,
por una calle de la ciudad
capital:
sentí el resplandor de su presencia
a mi lado,
sentí el calor de su mirada,
jovial,
risueña y dulcemente enamorada.
¿… era ella? Sí, era ella.
Hoy vi su silueta angelical,
su figura juvenil, divina.
¿… era ella? Sí, era ella.
o estoy enloqueciendo,
pero en pleno día
despierto sueño contigo,
al punto que… si digo:
Dios,
pienso en vos.