Juan Antonio SanzEFE
MOSCÚ.- El estallido de un coche-bomba junto a un local de comida rápida sembró ayer el pánico en Moscú, cuando apenas se había acallado el eco del asesinato 24 horas antes de un gobernador, blanco también de la ola de crímenes que sacude Rusia.
Según informaciones de fuentes médicas no confirmadas por la Policía, una persona murió y siete resultaron gravemente heridas al estallar el potente artefacto en el interior de un automóvil aparcado junto a un restaurante de la cadena McDonald’s, en el suroeste de Moscú.
La explosión tuvo lugar pasada la una de la tarde de este sábado (9:07 GMT) en el McDonald’s de la calle Pokrishkina.
La bomba estaba colocada dentro de un automóvil tipo turismo del que apenas quedaron el volante y la parte del capó delantero.
El entorno del lugar de la explosión quedó literalmente cubierto por los fragmentos de hierro y bolas de acero que emplazaron en la bomba el autor o autores del ataque, para causar el mayor número de víctimas, según explicó la Policía.
Al menos tres heridos se encontraban en estado crítico, y el hombre que falleció, según indicó el diario digital Gazeta.Ru, citando fuentes médicas, no pudo sobrevivir a un impacto en la cabeza que le causó pérdida de masa encefálica.
Una niña de cinco o seis años que se encontraba en el lugar con su madre, aumentó la lista de heridos.
La Fiscalía de Moscú había indicado que la explosión no produjo ningún muerto, pero esta información fue refutada en el hospital, donde fueron ingresados los heridos más graves.
Según los testigos, la tragedia pudo haberse convertido en una verdadera masacre: cinco minutos antes de la explosión, en el McDonald’s se encontraba un numeroso grupo de niños que abandonó el local en dos autobuses escolares.
La Policía dijo que se trataba de un acto “criminal y no terrorista”, posible resultado de un “ajuste de cuentas”, aunque no descartó totalmente la versión de un atentado contra los intereses de la empresa norteamericana en Rusia.