Martha Marina GonzálezCOLABORADORA/ [email protected]
Ricardo Antonio Ramos Moncada, originario de la comunidad El Chinchal, Somoto, jamás imaginó que con sus manos sería capaz de amueblar su casa y construir su propia cama, hoy se siente orgulloso de haberlo logrado gracias al impulso de un proyecto que apadrina el Ayuntamiento de Leganez, España.
Sin este proyecto, donde estudian 60 adolescentes y jóvenes, Ramos difícilmente hubiera aprendido carpintería, porque, según dice, no conocía lo que era un cepillo o serrucho, jamás los había tocado, y fue a través de este proyecto denominado “Dinamo Alternativa Social” que se ha familiarizado con las herramientas.
Para este joven campesino la distancia no importa, diariamente recorre siete kilómetros después del trabajo duro que realiza en la huerta. “Trabajo en la agricultura desde las seis de la mañana hasta la una de la tarde y, de dos a seis de la tarde me integro a las clases en el taller de carpintería”, explica.
“He aprendido a hacer sillas, mesas, camas, roperos; antes sólo me dedicaba a la agricultura, pero al abrirse este proyecto estoy aprovechando el tiempo”, expresa satisfecho el joven campesino.
“Me ha servido mucho. En mi casa no tenía sillas, mesa y camas y, ahora las he hecho aquí, me han dado la madera, no he gastado dinero, sólo mi trabajo y he aprendido. Pienso hacer un chinero para la cocina, un ropero y otras cositas que me hacen falta en la casa”, agrega.
MUJERES TAMBIÉN
Jairo Manuel Rodríguez Mairena, instructor en el taller de soldadura, asegura que atienden a adolescentes entre 13 y 16 años a quienes les enseña carpintería y soldadura, en dos turnos de 7 a 12 m. y de 2 a 6 p.m.
En el taller de soldadura encontramos, además de adolescentes de sexo masculino, a varias jovencitas que tratan de aprender un oficio “no tradicional” para el “sexo débil”. Ellas aprenden y trabajan para su beneficio, son capaces de manejar el soldador, el hierro, las máscaras y elaborar portones, verjas, portamaceteras, camas, sillas y, si hay encargos, las venden y compran nuevamente el material.
La joven Norma Caldera llegó a la escuela técnica ubicada en Los Quinchos por pura curiosidad. “Me gustó y aquí estoy. Para nosotras que somos mujeres es un trabajo pesado, no es fácil manejar las herramientas y el hierro, nos sacan callos en las manos, pero hemos aprendido bastante, ya hice verjas y portamaceteras”, dijo.
Tomás Ordóñez, instructor de carpintería, cuenta que los jóvenes y adolescentes dedican su tiempo libre para aprender carpintería como oficio para no sólo dedicarse a la agricultura. Aquí aprenden a elaborar artículos caseros, como camas, mesas, escritorios, puertas talladas, ventanas, sillas entre otros.
El Ayuntamiento de Leganez dotó de todas las herramientas a los talleres de carpintería y soldadura y, mensualmente aporta doscientos dólares para cada uno. Además, mantiene por tres meses una beca de treinta dólares destinada a cada estudiante que se va graduando en el centro.
DESDE HACE TRES AÑOS
El proyecto lo ejecutan desde hace tres años y los cursos tienen una duración de seis meses. Los inician en agosto y finalizan en enero. “El objetivo es fomentar el trabajo de oficio en los jóvenes para que sean independientes, si se mantienen sin hacer nada recurren a la droga y a los vicios y eso no es saludable”, manifestó Jairo Manuel Rodríguez Mairena.
Hay un fondo que aporta el Ayuntamiento Leganez para la compra de la madera, a los muchachos se les entrega la madera, lo que ellos hacen durante la clase se lo llevan a su casa y si quieren vender el producto están en su derecho, no se les quita nada. “Aprenden y se benefician”, afirma Tomás Ordóñez.
Los adolescentes después de culminar los seis meses de estudios son ubicados en talleres particulares de la ciudad y si alguno tiene suerte instala su propio negocio.