La credibilidad en crisis

Magdalena de Rodríguez

Hace diez años y aún muchos menos la palabra de la Jerarquía de la Iglesia Católica era verdaderamente la palabra de Dios.

¿Qué ha pasado para que ahora se cuestione y algo más grave todavía, se diga que el Cardenal es mentiroso?

Pensamos que se nos olvidó que el reino de Cristo no es de este mundo y que repetidos círculos políticos convergieron en el Palacio Arzobispal recabando el aval cardenalicio para todos los actos de la vida pública hasta que por la razón misma del ministerio eclesial las opiniones de los obispos fueron perdiendo espesor como falibles que son los purpurados en las cuestiones ajenas a su empresa religiosa.

La última crisis ocurrida en el Consejo Supremo Electoral (CSE), se “resolvió” sin cambios satisfactorios para la ciudadanía, hasta de señalamientos de corrupción en todos los poderes del Estado.

Sentimos que festinadamente se atribuye al Cardenal una deshonesta componenda, teniendo como socio a Daniel Ortega. Con olvido voluntario se deja suelto el cabo de la visita y entrevista de Ortega al doctor Arnoldo Alemán, la que es, a juicio de observadores imparciales, el factor determinante en la reelección de la fórmula Rivas-Lang a la Presidencia y Vicepresidencia, respectivamente del CSE.

Esta infortunada reelección prueba de manera fehaciente que el pacto Alemán-Ortega del 2000 sigue vigente, porque la continuidad de esos dos elementos beneficia a ambos caudillos.

Ahora algunos miembros de la llamada Convergencia, rasgan sus vestiduras de la manera más ridícula y pretendiendo burlar y menospreciar la inteligencia de los nicaragüenses, porque cuando entraron o formaron la Convergencia sabían que el pacto existía y que el partido político al que se adherían sin condiciones era parte viva de esa infamia política. Lo que no podemos dejar de advertir es que algunos liberales, entre los que figuran a pesar nuestro, el doctor Sergio García Quintero, padecen de reminiscentes ataques del anticlericalismo ultramontano de principios del siglo pasado. Le es más cómodo al apreciado doctor García, brindarle su fe al decir de un señor Álvaro Baltodano, típico heraldo del FSLN que creer en las reiteradas negativas del Cardenal Obando y de otros jerarcas de la Iglesia sobre la existencia y no existencia de un pacto Ortega-Obando.

Es asimismo inexacto el dato de que el Cardenal Obando impuso la candidatura del Lic. Roberto Rivas Reyes en 1995 a la magistratura del CSE. Quien escribe estaba en la Asamblea en aquel tiempo, el doctor García no. Fue la presidencia de la República, cabe decir Antonio Lacayo, quien sugirió a ese personaje oscuro, sin partido conocido para la candidatura, la cual fue aceptada casi unánimemente para los diputados de la UNO y por los del naciente MRS empeñados en la aceptación y publicación de las reformas a la Constitución por el Gobierno, como un elemento apolítico que haría el balance entre dos candidatos sandinistas, uno de tendencia liberal y otro de tendencia conservadora.

No negaremos que con ese tercero apartidario, estando cerca del Cardenal, retribuiríamos los buenos oficios que la Iglesia había desempeñado como mediadora y garante de los acuerdos entre la Asamblea y el Ejecutivo, que estuvo tan reacio a aceptar las reformas constitucionales, no obstante ser éstas una reiterada promesa de campaña de doña Violeta B. de Chamorro.

Estos detalles de la historia reciente ocurridos en los entretelones de la vida política, pueden ser confirmados por muchísimos testigos presenciales entre los que nos permitimos citar al ex diputado, Luis Sánchez, que refería sobre Monseñor Montenegro, delegado muchas veces por Su Eminencia el Cardenal para representarlo en las tediosas y laboriosas sesiones entre Asamblea y Ejecutivo, que este jerarca “entre bocado y bocado emitía conceptos grandes y valiosos como catedrales”.

Eran aquellos los tiempos cuando las relaciones con la Iglesia, siempre buscadas por los políticos, que también son Iglesia en el sentido profundo y etimológico del término, nos parecían necesarias y justas. Ahora todo ha cambiado en el país y el polígono de tiro franco es la Iglesia Católica.

¿Por qué se exime de responsabilidad al doctor Alemán en este mini-pacto o pacto parcial dentro del gran pacto? La respuesta es asunto de todos, de los políticos, de la prensa, de los católicos renegantes y de la jerarquía misma.

Cristo nos ilumine y redima.

La autora es ex diputada de la Asamblea Nacional.  

Editorial
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