El hombre de Matagalpa que intrigó a Rubén

Eddy Kü[email protected]

Rubén Darío en su libro El Viaje a Nicaragua, e Intermezzo Tropical hace memoria de su vida, y de hechos y personajes que le impresionaron. Por ejemplo, en una de sus páginas se pregunta quién era ese misterioso Hombre de Matagalpa que le refirió el español Ángel Gavinet, un compatriota de Rubén había viajado por lugares lejanos y y relatado datos que quería transmitir a las juventudes.

Tratando de descubrir quien fuera este Hombre de Matagalpa que también se preguntó Pablo Antonio Cuadra y Eduardo Arellano, pienso en dos personas, una, don José Vega, quien después de perder un hermano en la llamada Guerra de los Indios de 1881 en Matagalpa emigró hacia Europa y nunca regresó, pues no se volvió a saber de él.

Estos Vega matagalpinos eran personas ilustradas, como Nazario Vega, constructor de la Catedral. Luis Vega, hermano de Nazario, había estudiado en Guatemala, fue un distinguido político conservador en el siglo XIX en Matagalpa, había enviado a sus hijas a estudiar a Europa y a Estados Unidos. Una de sus hijas, Ninfa Vega Martínez, sobrina de don Bartolomé Martínez, fungió como primera dama en el período de este Presidente Martínez entre 1923 y 1924.

Luis Vega es bisabuelo de la conocida historiadora nicaragüense Frances Kinloch.

Quizás este José Vega en su afán de cultura y aventura viajó por todo el mundo y sea el misterioso Hombre de Matagalpa.

Otro dato que recogí en mis viajes de investigación, fue este, en la oficina de registros federales de los barcos que trajeron pasajeros de Europa a Nueva York entre 1880 a 1890, encontré que en 1889 el único pasajero que reportó que su destino final era Nicaragua era un doctor Soto, ¿podrá ser él?

Estas son sólo aproximaciones acerca de quien pudo haber sido este Hombre de Matagalpa que menciona Rubén.

¿Puede el lector ayudar a encontrarlo? Trascribimos el texto. Dejamos la descripción que hace en su libro: El Viaje a Nicaragua, página 17:

“Aún siente España la desaparición de un grande hombre suyo que se llamó Ángel Ganivet, ese andaluz eminente que de boreales regiones envió tanta luz a la tierra maternal. Y cuenta ese granadino, hoy glorificado, la historia de un hombre de Matagalpa que, después de recorrer tórridas Áfricas y Asias lejanas fue a morir en un hospital belga, y le llamó para confiarle los últimos pensamientos de su vida. No sé cómo se llamaba aquel hombre de Matagalpa; pero sé que ese ignorado compatriota, en su modestia representativa, había visto como yo quizás, en las constelaciones que contemplaran sus ojos de viajero, las clásicas palabras: Navigare necesse est, vivere non est necesse”.

El autor es escritor y productor cafetalero.  

Editorial
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