Sean serios por Centroamérica

Douglas [email protected]

Nicaragua, por tener una economía débil, debería mostrar más empeño en la consecución de la Unión Aduanera Centroamericana, porque ésta le traería beneficios inmediatos al país y estimularía los negocios en todo el área.

Los cinco países de Centroamérica firmaron en 1958 su tratado multilateral de libre comercio e integración económica, pero aún discuten cómo quitarle obstáculos a la Unión Aduanera que comenzaría a regir el primero de enero de 2004, si la voluntad integracionista persiste.

Un estorbo es el impuesto del 35 por ciento con que Nicaragua grava las importaciones procedentes de Honduras, aplicado desde finales de 1999 cuando surgió el conflicto limítrofe entre las dos naciones.

El gobierno nicaragüense ya está convencido de que necesita quitar ese impuesto, porque viola normas de comercio y teme quedar mal parado ante la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, donde acusa a Honduras de quererle quitar un trozo de su mar territorial.

Sin embargo, algunos diputados de la Asamblea Legislativa de Nicaragua se resisten a eliminar el impuesto, por supuesto orgullo nacionalista, sin percatarse que ni le hacen un favor al país en su querella legal contra Honduras ni contribuyen con el futuro económico de Centroamérica que es una esperanza para los nicaragüenses.

La Unión Aduanera incrementaría el comercio porque las mercancías van a circular sin restricciones entre los países y, además, acabaría con el contrabando, porque las aduanas habrán desaparecido. Serán los gobiernos los que se preocupen para que más comerciantes paguen el Impuesto General al Valor (IGV) y las recaudaciones aumenten en vez de caer.

Los ciudadanos podrían comprar mercancías a precios más bajos, porque los productos centroamericanos dejarán de pagar el IGV por importación y el costo del transporte se reducirá cuando los camiones circulen sin demoras.

Un furgón tarda un promedio de 10 kilómetros por hora entre Guatemala y Costa Rica, por los atrasos en los puestos fronterizos; y el costo de esa lentitud al final lo pagan los consumidores, que compran más caro.

Con la libre circulación de mercancías tendrá que haber libre circulación de personas y vehículos, porque impedir esto sería ponerle barreras no arancelarias al comercio intrarregional. Así avanzaría el istmo hasta conseguir la unión económica, una idea que persiste desde los años 60.

En una conferencia le preguntaron a un representante de la Unión Europea, cómo esas naciones lograron la unificación económica, y respondió que, además de la voluntad, prevaleció la seriedad, es decir, el interés de cumplir los compromisos hasta constituir un bloque fuerte.

Dos oportunidades grandes tiene a mano Centroamérica: negociar los tratados de libre comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea, pero si persisten las zancadillas políticas y comerciales entre países, esas posibilidades pasarán de largo, todo por tratar el futuro de la región con poca seriedad.  

Editorial
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