Globalización y conflictos fronterizos

A lo largo de 181 años de vida independiente, los países centroamericanos han sido incapaces de resolver sus conflictos fronterizos y demás disputas por intereses económicos o de cualquier otra índole. A pesar de que son hermanos por historia y geografía, los países de Centroamérica han mantenido unas relaciones de hipócrita fraternidad y cainismo político, y hasta se han aliado con países ajenos y hostiles a la región, como Honduras con Colombia contra Nicaragua, en vez de honrar su vecindad y hermandad para ayudarse y defenderse mutuamente.

Es cierto que las disputas en Centroamérica ya no degeneran en conflictos bélicos, como antaño —el último fue la “Guerra del Fútbol” de 1969, entre El Salvador y Honduras—. Pero esto, más que un mérito de los centroamericanos es resultado de las presiones disuasivas de la comunidad internacional. En realidad, el modesto desarrollo que mal que bien han logrado los países centroamericanos, particularmente en los últimos cincuenta años, en términos generales ha sido por las ideas y recursos materiales de progreso que llegaron desde fuera.

Sin embargo, ahora como nunca antes los países centroamericanos tienen la posibilidad de poner fin para siempre a los conflictos fronterizos y sus disputas de toda clase, gracias a que los procesos integracionistas, los tratados de libre comercio, la mundialización de la economía, y la globalización en fin, avanzan con fuerza irresistible inclusive en zonas culturalmente subdesarrolladas, como Centroamérica. De manera que aun contra la misma voluntad de los centroamericanos, sobre todo de sus políticos atrasados, pleitistas y corruptos, las disputas y los conflictos regionales tendrán que quedar a un lado y ceder el espacio al progreso que comienza a llegar inevitablemente como consecuencia del desarrollo de las otras regiones del mundo, por medio de los acuerdos de libre comercio y de la integración económica, social, política y cultural.

Es en este contexto que valoramos la importancia de las resoluciones adoptadas en la Cumbre extraordinaria de gobernantes centroamericanos que se celebró el jueves pasado en Costa Rica, así como los acuerdos bilaterales que suscribieron los presidentes de ambos países —Enrique Bolaños y Abel Pacheco— para facilitar el tránsito de personas y de mercaderías y abstenerse durante los próximos tres años de tomar medidas de cualquier clase que pudieran agravar el conflicto binacional, manteniendo incólumes los derechos de soberanía absoluta de Nicaragua sobre el río San Juan y el derecho perpetuo de navegación con objetos de comercio de los costarricenses en dicho río, de conformidad con los tratados internacionales.

Como siempre, la asistencia externa desempeñará un rol primordial en el esfuerzo de los países centroamericanos —en este caso, nicaragüense y costarricense— para moderar sus pasiones políticas e impulsar los necesarios planes de progreso y desarrollo particular, binacional y multilateral. En efecto, tal como señaló la Cancillería nicaragüense en su comunicado sobre los acuerdos del jueves pasado: “Con la ayuda de la cooperación internacional —léase en este caso, España— Nicaragua y Costa Rica están actualmente trabajando en la creación de un fondo binacional para la ejecución de proyectos de desarrollo en la región fronteriza”.

Ahora bien, a ambos lados de la frontera de inmediato se han alzado las voces de quienes por la razón que sea, justa o incorrecta, se oponen a que mejoren las relaciones entre los países hermanos. Por ejemplo, en Nicaragua el presidente de la comisión parlamentaria de asuntos internacionales advirtió en LA PRENSA del sábado pasado que el acuerdo es “preocupante”, mientras que en Costa Rica tres ex cancilleres lo rechazaron porque según ellos “perjudica los intereses locales”.

Son comprensibles esos “temores” de los políticos, pero hay que confiar en la posibilidad de resolver de manera constructiva los conflictos entre Nicaragua y Costa Rica, así sea sólo porque éstos no tienen alternativa ante los ineluctables avances del progreso económico internacional y la globalización.

Y cabe esperar que después de 181 años de conflictos, infidelidades, traiciones y enemistades entre los países hermanos de Centroamérica, nos acerquemos a una celebración del segundo centenario de la independencia de Centroamérica, en el año 2021, con una región unida de manera sólida y duradera por los vínculos de la paz, la cooperación, el comercio libre, el desarrollo económico y el progreso material. Dios nos oiga.  

Editorial
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