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Decir que la crisis política es el principal obstáculo para que la economía se recupere, es ahora un mal argumento porque el principal obstructor de los “planes de desarrollo” gubernamental, Arnoldo Alemán, ya fue sacado de la presidencia de la Asamblea legislativa y suponemos que los inversionistas extranjeros creen más en la justicia de Nicaragua.
Sin embargo, la falta de iniciativas privadas ha provocado el adormecimiento de algunos negocios que podrían ayudar al crecimiento económico del país, aparte del daño que la corrupción ha ocasionado a la imagen de Nicaragua en el exterior con el consecuente alejamiento de inversiones.
Hemos pasado más de dos años lamentando la caída de los precios del café, sin percatarnos que muchas de esas tierras son buenas para producir hortalizas y que Nicaragua gasta cada año 17 millones de dólares en la importación de tomates, zanahorias y otras verduras, porque aquí producimos menos de las que consumimos.
Un agrónomo y agricultor de Matagalpa me comentó que hay zonas del norte nicaragüense donde pueden lograr hasta cuatro cosechas de hortalizas por año y que estos cultivos requieren más mano de obra que el café.
También el Estado actúa con lentitud en algunos campos vitales para los nuevos negocios. Desde hace años oímos hablar del despegue del turismo y todavía falta realizar un inventario del potencial nacional, para saber si Nicaragua tiene futuro como destino internacional.
Habrá que esperar dos años más para enterarnos qué otros recursos turísticos de primera calidad posee el país, además de Montelimar, Granada y San Juan del Sur, los más promovidos hasta hoy. ¿Por qué ha sido imposible hacer ese inventario durante los últimos 10 años? Es una pregunta necesaria, sobre todo porque el gobierno ha dispuesto de fondos exteriores para la reactivación económica y la erradicación de la pobreza.
¿Será que somos una nación con más ideas que oportunidades? Una oportunidad sólo existe cuando hay clientes dispuestos a comprar un producto o un servicio y, por supuesto, es más fácil concebir ideas que construir oportunidades.
Una esperanza para Nicaragua es que Centroamérica firme el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y venga suficiente inversión extranjera para bajar el índice de desempleo y mejorar los salarios en las empresas exportadoras.
“Aquí se importa de todo, pero nos cuesta exportar”, dijo el viceministro de Fomento, Javier Morales, a la revista Observador Económico. A su criterio, “Nicaragua ha sido demasiada ingenua… no ha jugado con astucia” en las negociaciones de los TLC, en que los países juegan con las barreras arancelarias.
¿Qué espera entonces la economía? Además de justicia y transparencia en el Estado, que florezca la iniciativa en el gobierno y la empresa privada, porque es tarde para seguir tapando ineficiencias con el pretexto de la crisis política.