Daniel Núñez Rodrí[email protected]
Un informe del PNUD mostró que 15 países crecen a una velocidad explosiva y que pueden sacar gran provecho de la globalización, pero estos mismos cuadros y cifras muestran que más de 100 países son ahora más pobres de lo que eran hace 10 ó 15 años. Entre estos países empobrecidos por las políticas neoliberales se encuentra nuestra nación.
Este mismo informe dice: si se quiere poner en equilibrio a los más ricos y a los más pobres del orbe, se deberían poner a 358 personas en una de las vasijas de la balanza y al 45 por ciento de la población mundial en la otra, y que la pobreza es hoy el peor enemigo de la paz global.
Que el escape de capital de sur a norte, es de alrededor de 500 billones de dólares al año y que el pago de la deuda de 1980 al 92 ascendió a casi 420 billones de dólares a una cantidad equivalente a seis planes Marshall.
La política neoliberal de la globalización ha dejado en nuestra patria el siguiente terremoto convertido en doloroso viacrucis sobre las espaldas laceradas de nuestro pueblo trabajador. Deuda externa impagable, incontrolada migración del campo a la ciudad, 600 mil nicaragüenses vendiendo su fuerza de trabajo en Costa Rica. De 385 mil productores agropecuarios que más o menos existimos en el campo solamente el 10 por ciento tienen un crédito formal.
Pagamos el 18 por ciento en dólares de tasa de interés cada año, nuestros trabajadores rurales ganan 1.50 dólares de salario al día, y no tienen ni seguro social ni atención médica y el hambre que azota hoy en el campo y la ciudad tiene las secuelas de un campo de concentración por la mortalidad infantil, el desempleo y la mendicidad.
El desempleo en el campo es más del 40 por ciento, los caminos de penetración por donde sale nuestra producción destruidos, lo que encarece el transporte y por ende el costo de nuestra materia prima que nos sacan de la competitividad.
Impuestos a la producción agropecuaria los más acuciantes en su historia, los impuestos sobre la tierra impagable para los más pobres, los insumos que compramos los más caros de Centroamérica y muchas veces sin garantía de calidad.
Precio de nuestros productos por debajo de los costos de producción, política planificada gubernamental hacia el agro: no existe, política de protección al medio ambiente, ecocidio en Bosawás y las zonas de amortiguamiento.
Deuda de cafetaleros sin resolverse después de diez años de venir haciendo propuestas de negociación no se ha querido tomar en cuenta que este rubro es el que más empleo promueve en los cinco departamentos de Las Segovias.
La poca industria sin incentivos, ejemplo el de la carne, mientras Panamá, Honduras, México y República Dominicana con la política del tratado de libre comercio nos cierran el mercado de la carne poniendo cualquier obstáculo, los productos de estos países entran a Nicaragua sin restricción lo que demuestra una total inoperancia de quienes deberían ser más consecuentes con quienes en Nicaragua haciendo de tripas corazón trabajamos por la viabilidad económica del país.
Mientras Estados Unidos, Europa, Australia, Japón y Nueva Zelanda entre otros países industrializados mantengan el neoproteccionismo los países tercermundistas seguiremos compitiendo en una política globalizadora, desleal y las grandes compañías transnacionales incluyendo las zonas francas seguirán exportando y explotando la fuerza de trabajo regalada de nuestros trabajadores y productores.
Si realmente los países industrializados quieren mejorar el equilibrio de esta carrera desenfrenada de la tiranía de la globalización que nos levante el congelamiento de los precios de nuestros productos impuestos en el mercado internacional desde la Segunda Guerra Mundial.
Ni neoproteccionismo ni neoliberalismo ni asistencialismo ni paternalismo: queremos justicia; que nos paguen el precio real que valen nuestros productos para que la competencia no sea desleal, solamente entonces podremos salir de esta globalización de tigre suelto contra burro amarrado.
¿Dónde está y en qué manos quedó nuestro Banco Nacional de Desarrollo y nuestro Ferrocarril, y nuestras telecomunicaciones y nuestra energía eléctrica, y la flora y la fauna heredada de nuestros abuelos, y nuestros principios cristianos, políticos y morales? Nuestra infinita riqueza cultural y espiritual se los llevó el consumismo y la globalización ante la docilidad de nuestros gobiernos.
El autor es empresario ganadero