Joa-ana D’[email protected]
Sin duda los ataques del 11 de septiembre en Nueva York y Washington por Al-Qaeda dieron un giro histórico en el balance político global. Los ataques destruyeron el mito de invulnerabilidad y seguridad de los Estados Unidos y sin quererlo se vieron forzados a entrar en una guerra como líder mundial. Sin embargo, en esta era de interdependencia y globalización, sería imposible pelear solo. Esto no quiere decir que Estados Unidos necesite permiso para defender legítimamente su territorio y democracia, pero la mejor estrategia es a través de la cooperación internacional, mantener una coalición fuerte, y sobre todo una política consistente, porque ésta es una guerra a nivel global en contra de una fuerza invisible sin un estado específico.
El siglo 21 enfrenta una nueva guerra: “La Guerra de la Advertencia: La reconstrucción del nuevo orden mundial”. Decidí llamarla así porque cada nación está consciente de los riesgos si se opone a los Estados Unidos en esta guerra contra el terrorismo, especialmente después que Bush declaró que los países tenían que decidir si estaban con la democracia o con los terroristas. Entendamos que algunas naciones no están completamente de acuerdo con la política de los Estados Unidos, pero están conscientes que el costo a oponerse es muy alto.
De la misma manera, los Estados Unidos pueden no estar de acuerdo con algunos países, pero están conscientes de que para ganar esta guerra se necesita una coalición fuerte para no ser visto como un poder imperialista. El punto a resaltar es que aunque no haya una nación específica con quien pelear, tampoco es una guerra convencional entre un país y otro. Éste es el nuevo tipo de guerra del siglo 21, es una guerra global contra una fuerza invisible distribuida en más de 70 países.
Por otro lado, la excusa de Al-Qaeda de que la causa de su Jihad es la política americana pro-israelí es inválida. El hecho es que Naciones Unidas en 1947 aprobó la resolución 181 para la partición de Palestina en un estado judío y otro palestino, con Jerusalén nominada ciudad internacional. Los árabes y los palestinos rechazaron la partición, mientras que los judíos la aceptaron. La verdad es que los terroristas han atacado a Israel desde su independencia el 14 de mayo de 1948. El objetivo de los terroristas, como lo han declarado, es establecer un estado Islámico bajo las leyes del Islam. Su propósito es la destrucción de Israel y vencer a los infieles, incluyendo a cristianos y judíos. En resumen, fue el aumento de la violencia contra Israel la que llevó a Estados Unidos a defender a un país aliado contra ataques terroristas.
La mejor opción para la estabilización en el Medio Oriente es a través de una resolución de paz entre palestinos y judíos. El problema es que los terroristas no quieren la paz. Ellos no aceptan las leyes occidentales, incluyendo la democracia.
Por ejemplo, el líder de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, ha prometido tantas veces seguir un proceso de paz. Irónicamente, el servicio de inteligencia israelí ha captado varios mensajes de Arafat instigando en árabe al terrorismo, mientras que en inglés proclama la paz. Además, las escuelas palestinas y universidades enseñan a odiar a los judíos y americanos. Aún más, sus libros de geografía ni siquiera incluyen en sus mapas a Israel. Entonces, ¿qué es lo que controla Palestina: el terrorismo o la democracia?
El problema aquí es la inconsistencia de la política estadounidense. Mientras Hamas, Hizbollah, y la Brigada de Mártires de Al Aqsa, que está ligada a la facción Al Fatah de Arafat, se responsabilizaba por las continuas bombas homicidas en Israel, Estados Unidos dudó en apoyar firmemente a Israel para erradicar las infraestructuras terroristas. Es obvio que la condenación contra el terrorismo de Arafat son sólo palabras. Las evidencias muestran que la política palestina de las bombas homicidas aumenta la violencia, mientras que la política Israelí por arrestar a militantes palestinos busca disminuir la violencia. El resultado es que las dos han fallado. Ninguna ha llevado a la disminución de la violencia. Sin duda, la mentalidad de la “licencia para matar” de los terroristas debe ser castigada. Un buen principio es la medida legislativa del congreso 4693, conocida como “Arafat Accountability Act,” patrocinada por el congresista republicano Roy Blunt y apoyada por el congresista demócrata Brad Sherman. Esta medida penalizaría a Arafat, la Autoridad Palestina, y al PLO por apoyar el terrorismo además de congelar sus finanzas.
¿Cómo reaccionaría Estados Unidos si Al-Qaeda comenzara a bombardear pizzerías dentro del país? ¿Estaría Bush dispuesto a negociar un proceso de paz con el líder que promueve esos bombardeos mientras que cientos de americanos siguen muriendo? Un proceso de paz será efectivo solamente cuando ambos líderes tengan la verdadera intención de negociar y que no sean forzados a estar de acuerdo sólo por salvar un legado personal.
En síntesis, el siglo 21 enfrenta la “Guerra de la Advertencia: la remodificación del nuevo orden mundial”. Ahora se verá si la democracia vence al terrorismo así como lo hizo con el comunismo, o si el mundo será testigo de un nuevo orden mundial. Sin duda, si los Estados Unidos quieren ganar la guerra contra el terrorismo, tendrá que mantener una política consistente, mantener la coalición internacional, y no bajar la defensa del país. Al Qaeda ha demostrado un modelo de paciencia. Mientras que sus células terroristas aguardan el momento justo para atacar, los Estados Unidos deben permanecer vigilantes, alertos. Es sólo cuestión de tiempo para ver quién parpadea primero. Esperemos que la libertad y la democracia nunca parpadeen. ¿Usted qué opina?
La autora es analista política en Relaciones Internacionales. Especialista en la crisis del Medio Oriente y la Unión Europea.