Los Somoza y Alemán

Carlos Cardenal*

Nicaragua parece padecer el mito de Sísifo, aplicable en este caso a la repetición periódica de la misma situación de hegemonía en el poder. El caso actual del Dr. Alemán tiene características similares a las que vivimos con Somoza García y Somoza Debayle, en cuanto ambos concentraron una formidable cantidad de energía popular, tanto en su favor como al final en su contra, lo primero por el atractivo de un liderazgo zalamero y munificente, sobre todo con el viejo Tacho y lo segundo, en el odio acumulado por su actitud desmesurada y ambiciosa de poder, y por acaparamiento de riqueza, que acabó con la inicial simpatía y se convirtió en el rechazo total, que condujo a la muerte violenta de los dos generales.

Este afán insaciable de poder y riqueza, está llevando a un callejón sin salida al campechano diputado, presidente de la directiva de la actual Asamblea Legislativa, empecinado en llegar al 2006 para su reelección, como el último Somoza en llegar al 1981 con similares propósitos.

Dejo a un lado por el momento el totalitarismo del régimen sandinista, no exento de la misma compulsión hacia el despotismo y el autoritarismo, típicos de caudillajes y arbitrariedades personales, en nada compatibles con un estado institucionalizado y civil. El poder mal llamado popular era la voluntad de una cúpula, capaz de los mayores atropellos a cualquier tipo de derecho, especialmente al de la propiedad, conculcado masiva e intempestivamente con la ignominiosa Piñata, que fue la culminación de una ambición desmedida de riqueza, no de una persona o de una familia, sino de muchos jerarcas mal llamados revolucionarios.

Volviendo al caso de Alemán y su similitud con los Somoza, no es de extrañarse que el primero esté convocando, a su pesar, lo que se llama fuerzas vivas del país, en su contra, para sacarlo a cualquier costo de su trinchera parlamentaria y si es posible ponerlo tras las rejas, por la casi inverosímil acumulación de delitos que se le imputan a diario. Nuevamente nos acercamos a los sandinistas para esta difícil faena, buscamos al COSEP, se reúnen los notables y otros menos notables en campañas anticorrupción y firmamos toda clase de documentos públicos para mostrar nuestro rechazo a este indeseable ciudadano, que por el momento, parece estar por encima de la ley.

Se pretende no darle tregua al obeso caudillo, capaz de reunir las más inamovibles lealtades en los jirones que quedan de su mal herido partido y de llevar a plazas públicas, como lo hizo Somoza días antes de su derrocamiento, a decenas de miles de ciudadanos en busca de pan y de promesas. La lucha está en pie y consecuencia de ella la gobernabilidad parece haber desaparecido de nuestra convulsa república.

No queda otra que cerrar las filas y llevar hasta las últimas consecuencias el complicado proceso de desaforación y enjuiciamiento a esta persona, que es sin duda el factor desestabilizante de nuestra precaria economía y de una gobernabilidad, cuyo reestablecimiento, será capaz de crear confianza y fe en nuestras instituciones, y nos aleje de todos los corralitos y convulsiones sociales que ha vaticinado, con alevosa mala fe, el más grande enemigo de Nicaragua. Continuemos pues con esta noble y valiente tarea que es de todos los nicaragüenses honrados y dignos.

* El autor es lingüista.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí