El ocaso al pie del café

Douglas [email protected]

Si los cafetaleros nicaragüenses insisten en continuar sólo con ese cultivo, por una razón más sentimental que de negocios, van a perder más dinero y, lo peor, impedirán que el país se sume pronto a nuevas iniciativas de exportación que han comenzado los agricultores de otras naciones centroamericanas.

Los últimos informes sobre el comercio internacional de café, permiten ver con claridad que la crisis de precios será peor en el futuro y ese pronóstico debe hacer reflexionar a los caficultores para que, al margen de su vínculo tradicional con los cafetos, emprendan otros negocios.

Sin embargo, algunos agricultores comentan a sus amigos que su relación con el café es tan antigua y cargada de sentimientos, pues la heredaron de sus padres, que les resulta difícil abandonarlo y dedicarse a otra actividad.

En la realidad ése puede ser un obstáculo para el futuro de los agricultores y de la economía del país, porque insistir en vender un producto con poca demanda o precios deprimidos por sobreoferta, es condenarse a la quiebra empresarial.

Para el ciclo 2002-2003 la producción mundial de café ha sido estimada en 122.1 millones de sacos, lo que indica un aumento del 10 por ciento con relación al período anterior, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Se debe a que países grandes productores, entre ellos Brasil, Tailandia y México, han aumentado sus cosechas y de esa forma inciden en la prolongación de la crisis por precios bajos que golpea a países con pequeña producción, como Nicaragua.

Como resulta inconcebible mandar a botar los cafetales de un día para otro, en países vecinos los caficultores han comenzado a meter otros cultivos y a darle valor agregado al café que antes vendían en grano, buscando nuevos negocios y reorientando el viejo mientras lo reducen.

Los caficultores de El Salvador, mientras piden al Estado un fondo de estabilización por 30 millones de dólares, se preparan para fabricar dulces, chocolates y licor a base de café.

Igual que en Nicaragua, los caficultores salvadoreños y hondureños se quejan de la falta de financiamiento para diversificar la producción de sus fincas, pero al menos ya están previendo los nuevos negocios, a la vez que reducen la cosecha cafetalera en un promedio de 20 por ciento por año.

Los ingresos de Nicaragua por exportación de café disminuyeron en 24 millones de dólares durante los primeros cuatro meses de este año, entre enero y abril, según los registros del Banco Central.

La crisis del café va para largo y parece que los agricultores nicaragüenses sólo tienen hoy dos opciones: sustituir ese cultivo o reducir sus costos de producción para sobrevivir, esperando al pie de sus cafetos a ver si aparece un milagro o la ruina.  

Editorial
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