De lo más fácil a lo constante

Douglas [email protected]

Cuando apareció la noticia de que Nicaragua tiene potencial petrolero y podría sacar su primer barril de oro negro dentro de siete años, escuché dos expresiones adversas, una pesimista y otra de oposición, que muestran la ligereza con que los nicaragüenses tomamos el futuro del país.

“Uuuuh, eso está lejos, imaginate, siete años para que saquen petróleo…”, comentó un ciudadano. “No conviene porque dañará el medio ambiente”, afirmó un profesional de un organismo no gubernamental.

La primera indica la actitud superviviente de la población que anhela salidas rápidas y fáciles para los problemas económicos del país. Con tanto desempleo y hambre, siete años parecen siglos, pero si volvemos a ver atrás nos encontramos que hemos esperado más de 20 años por ese despegue económico tan prometido.

Tampoco podemos valorar la nueva oportunidad económica, sólo por el tiempo que debemos esperar para tener beneficios. Lo más importante, en este caso, es cuántos años podemos aprovecharla una vez que esté a nuestra disposición. Si es como dicen las investigaciones, Nicaragua extraería petróleo durante 50 años continuos, a un ritmo de 50 mil barriles diarios.

Vale la pena entonces esperar siete años, si la explotación de ese recurso natural puede ser tan prolongada y constante como para superar las necesidades que acosan a la población, suponiendo que la administración pública del país será cada vez más honesta e invertirá mejor el dinero.

Los cálculos preliminares indican que la producción petrolera dejaría un mínimo de 300 millones de dólares anuales sólo en impuestos, una cantidad equivalente a más del 51 por ciento de las recaudaciones totales que espera el gobierno nicaragüense para el año 2002.

La otra actitud —de oposición automática a todo proyecto grande porque se supone que atenta contra el medio ambiente— puede conducir al país a una inercia que le quitará posibilidades de levantar la economía, mientras otras naciones avanzan en la utilización de recursos valiosos como el petróleo.

Ecuador, que pretende aumentar su producción petrolera a 400,000 barriles diarios, recién invirtió 33 millones de dólares en la exploración de nuevos pozos y a la vez 2.3 millones para la protección ambiental.

Cualquier actividad económica conlleva riesgos para el medio ambiente, pero las mismas inversiones privadas tienen que considerar la protección de la naturaleza y eso lo debe regular y supervisar el Gobierno.

Latinoamérica es la segunda región con más reservas petrolíferas, después de Oriente Medio, y por eso espera inversiones privadas por 200,000 millones de dólares para la producción de petróleo y gas natural, durante esta década, según la asociación de empresas de ese ramo, ARPEL.

Perú promueve desde el año pasado sus áreas petroleras, interesado en explorar unos 30 pozos anuales, así como ahora Nicaragua quiere atraer inversiones para ese campo en medio del pesimismo y la intransigencia de algunos ambientalistas.  

Editorial
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