La corrupción quiere pacto; no lo tendrá

Mario Alfaro Alvarado

Cuando el presidente Bolaños prometió que “nadie estará por encima de la ley” el pueblo de Nicaragua asumió esa promesa como un principio absoluto, a partir del cual se haría justicia, se castigaría a los transgresores y se recuperaría todo lo robado. Las acciones del gobernante subieron en las encuestas. La gente se comprometió colectivamente a luchar contra la corrupción hasta erradicarla.

Cuando en forma inesperada, el fiscal especial Dr. Alberto Novoa fue festinadamente despedido, el principio perdió su calidad de absoluto y con ello su esencia motivadora. El pueblo resintió la medida porque el fiscal Novoa era símbolo vivo de la lucha contra la corrupción, por su firme desempeño, por sus calidades morales y profesionales y por su rectitud inobjetable.

La razón del despido no convenció a nadie y la población receló que algo se estaba ocultando. En definitiva, nació la sospecha de que alguien sí estaba por encima de la ley.

No es cierto lo que dice la Constitución, que el poder político lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente electos… Al pueblo lo obligaron a votar por dos partidos, después que los empleados de Alemán eliminaron a los demás partidos. Votó el pueblo por una lista de desconocidos impuestos por las cúpulas de esos dos partidos. De manera que los llamados “padres de la patria” no representan al pueblo, sino a los caudillos que los impusieron en sus listas para que fueran electos. Nadie votó para que Arnoldo Alemán fuera diputado, fue puesto allí por un pacto de cúpulas y sus corifeos lo eligieron presidente del Poder Legislativo.

En 68 años de gobierno el liberalismo modeló un Estado, cuya estructura orgánica y jurídica favorece a la corrupción. Se redactaron constituciones que podían ser reformadas al capricho y conveniencia de quien ejerza el poder; y leyes defectuosas para que los corruptos encontraran en ellas cien maneras de burlar la justicia. En términos generales, el presupuesto de la república y los bienes públicos quedaron a disposición de quien controla el gobierno.

El país se acostumbró a que el Ejecutivo domine a los demás Poderes del Estado. Pero en una reversión dolosa, en la actualidad el Ejecutivo está avasallado por los otros Poderes del Estado, porque no tiene a su favor leyes que le permitan poner las cosas a derecho.

Son los corruptos los que han llevado al país a la postración económica en que se encuentra. Se repartieron la ayuda internacional incluida la destinada a mitigar los estragos del Mitch, dilapidaron grandes sumas de dólares en paseos por el exterior con abultados viáticos hasta de 500 dólares diarios, formaron compañías para estafar al Estado, se repartieron el dinero de los nicaragüenses en megasalarios, megaindemnizaciones y megadietas que duplican el megasalario. Atrincherados en los cargos que les dio el jefe de la corrupción, pretenden un arreglo, un pacto, para que la corrupción continúe y con ella continúen la pobreza, el desempleo, la falta de medicinas y los salarios de miseria.

La lucha contra la corrupción no admite términos medios: se está contra la corrupción o se está con ella. El pueblo de Nicaragua, que no votó por diputados ni magistrados escogidos “al dedo”, votó en cambio, por el candidato que prometió combatir la corrupción.

El autor es abogado.  

Editorial
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