Exploración petrolera y grandes ilusiones

El martes pasado el gobierno abrió el calendario para licitar las exploraciones petroleras que supuestamente reportarán una inversión de más de cien millones de dólares.

Desde que en 1854 un humilde guardián de ferrocarriles estadounidense, de nombre Edwin L. Drake, perforó el primer pozo de petróleo en el continente americano —en la localidad de Titusville, Pennsylvania—, transcurrió mucho tiempo, se revolucionó el mundo de la energía, cambió la faz de la Tierra y se produjeron inmensas riquezas. En realidad, según historiadores del petróleo éste se comenzó a explotar de manera regular a principios del siglo XIX en Azerbaidzhan, que entonces pertenecía al imperio ruso, pero sólo a partir de que se comenzó a explotar en EE.UU. fue que el llamado “oro negro” se convirtió en generador del maravilloso desarrollo moderno y en fuente de inmensas riquezas.

Ahora prácticamente todo el mundo se mueve impulsado por el petróleo. Y a pesar de las intensivas extracciones que se han hecho, las reservas petrolíferas son aún gigantescas, y según los especialistas en el Medio Oriente, Estados Unidos, Rusia, Venezuela, Azerbaidzhan, Canadá, las Indias Orientales, el mar del Norte y el desierto del Sahara hay más de quinientos mil millones de barriles de petróleo. En realidad, tener petróleo representa el sueño más acariciado de las naciones, y muchos países cimentaron su prosperidad en la explotación del estratégico y codiciado mineral.

En Nicaragua, desde hace bastante tiempo se ha hablado de la posibilidad de que haya petróleo. Inclusive se ha conjeturado acerca de que la causa verdadera de los conflictos territoriales con países fronterizos y vecinos es la probable existencia de petróleo. Sin embargo, nunca antes se hicieron las exploraciones necesarias para comprobar si existe petróleo en cantidad suficiente y si es de la buena calidad necesaria para ser explotable.

La verdad es que si hubiera en Nicaragua petróleo de calidad competitiva y en suficiente cantidad como para ameritar grandes inversiones de capital y tecnología, el llamado “oro negro” podría ser el factor clave para impulsar el desarrollo económico, salir de la pobreza y vivir, por fin, en condiciones de bienestar y prosperidad.

Pero tampoco hay que hacerse grandes ilusiones. Y no sólo por la posibilidad de que el resultado de las exploraciones petroleras resultare negativo, sino porque ni el petróleo ni ningún otro recurso material, por sí mismo, sirve como varita mágica para hacer ricos a los países y proporcionar bienestar a las naciones. Venezuela en Hispanoamérica e Irak en el Oriente Medio, demuestran que de poco o nada sirve la riqueza petrolera si los pueblos confían el poder a individuos y grupos corruptos y aventureros, que despilfarran los recursos y llevan a sus países a la bancarrota y la miseria, aunque naveguen en lagos y mares de petróleo.

Por otro lado, al mismo tiempo que el anuncio de la apertura del calendario para las licitaciones de la exploración petrolera, también se han hecho oír las voces que cuestionan este proyecto. En este caso es importante diferenciar a las personas que por oficio e ideología se oponen a cualquier proyecto de desarrollo y modernización, de quienes lo hacen sinceramente preocupados, por ejemplo, por posibles daños graves e irreversibles al entorno ambiental.

Al respecto se menciona que las explosiones que se provocarían durante las exploraciones petroleras podrían exterminar la fauna marina. Sin embargo, la provocación de pequeños terremotos artificiales mediante la explotación de cargas de dinamita es un procedimiento antiguo y común pero no indispensable, y mucho menos ahora que existen instrumentos muy avanzados para medir la gravedad y el magnetismo de las rocas que yacen debajo de la superficie terrestre y del fondo del mar, o para hacer pasar las ondas eléctricas por medio de las rocas y de esa manera saber a ciencia cierta si hay o no yacimientos adecuados para la explotación petrolera con fines comerciales.

Como sea, es muy importante y necesario que las autoridades correspondientes del gobierno sopesen si la explotación petrolera sería más rentable y menos perjudicial que otros megaproyectos, como el turismo y las vías interoceánicas, por ejemplo, puesto que al fin y al cabo lo más importante es el desarrollo mismo del país y no el medio específico para lograrlo.  

Editorial
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