La grave enfermedad del poder

Franklin Bordas [email protected]

El poder es como una enfermedad. Ataca de forma profunda, hasta conducir a los abismos más indeterminados. “Durante el fin de semana, los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre, de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior…” ‘El otoño del patriarca’, G.G. Márquez.

Y es que, el tiempo realmente parece estancarse cuando el poder enseñorea. Aunque luego, los hechos y las cosas parecen cobrar vida y como que retroceden hasta más allá del punto de partida como castigo; escenarios y personas se difuminan, algo semejante al “Retorno a la semilla”, de A. Carpentier.

Nadie que haya acariciado la miel empalagosa del poder, felizmente se apresta a devolverlo a su fuente, que son el país y sus ciudadanos.

Henri Konan Bedié, ex presidente de la Costa de Marfil, al ser derrocado y refugiado en Ginebra cargó con casi 180 millones de francos franceses provenientes de la ayuda Europea para la salud y ocultó 20 millones de francos en Suiza.

Omar Bongo, ex presidente de Gabón ahora objeto de un proceso penal en Francia por corrupción, desvió más de 130 millones de dólares a través de cuentas privadas de Citibank desde 1970. Como fuente principal de ingresos de sus cuentas, fueron los fondos del gobierno gabonés.

Jean-Claude Duvalier, ex presidente de Haití, saqueó entre 120 millones y 400 millones de dólares dejando a un pueblo más hundido que nunca en la miseria.

Fernando Marcos, ex presidente de Filipinas, saqueó aproximadamente 50 mil millones de dólares, aunque el actual gobierno ha recuperado 2 mil millones en acciones propiedades inmobiliarias, dinero líquido y joyas.

El General Suharto, ex presidente de Indonesia con una tendencia lamentable a confundir la economía nacional y su fortuna personal, sustrajo del país hasta 40 mil millones de dólares, acumulados por su familia, dejando descalabrada la economía de Indonesia.

En Pakistán Asif Ali Zardari, el esposo de la ex primer ministro, está actualmente detenido y acusado junto a su esposa Bhutto, de haber sacado del país más de mil millones de dólares. Al ex presidente de Zaire, Mobutu Sese Seko se le congelaron cuentas en Suiza en 1997 y se calcula, efectuó un saqueo entre 4 y 10 mil millones de dólares.

El poder enredó a Fernando Collor de Brasil (1992), a cobrar 6.5 millones de dólares con sociedades ficticias en el extranjero, e invertirlas en compra de pisos de forma fraudulenta; y Raúl Salinas, el hermano del ex presidente de México sacó del país más de 87 millones de dólares, utilizando cuentas privadas, empresas ficticias y nombres falsos.

En Perú el ex presidente Fujimori transfirió a tres bancos de Japón 18 millones de dólares que lo presentan como evidencia de enriquecimiento ilícito. Nigeria, Rusia, Nicaragua y otros países de Centroamérica, han sido mencionados por corrupción y enriquecimiento ilícito de sus gobernantes.

Saddam Hussein, del gobierno de Kuwait, se le ha mencionado en operaciones de desvío de fondos por ingresos petroleros (1991) por más de 10 mil millones de dólares.

En Nicaragua la sombra del poder siempre ha cobijado a centenares de familiares, parientes y amigos próximos al mandatario en turno, que se enriquecen ilícitamente. Hubo mucho tiempo en que la distancia entre gobernados y gobernantes era infranqueable, y el patrimonio-país, era parte del balance general del jerarca y sus rémoras. Sin embargo, hoy las relaciones de poder están cambiando.

“Todo ha sido por fin recuperado, sólo de ti depende que sea tuyo ahora”, dice Coronel Urtecho en su poema ‘No Volverá el Pasado’. Y es que Nicaragua, tiene que recuperar lo suyo, y que cada cual tenga derecho a vivir más dignamente. “Mía es la plata y mío es el oro”, dice Jehová de los ejércitos”, Hageo 2.8.

Ojalá que, Su Majestad: El Poder, que los pueblos ceden a sus gobernantes, les permita salir airosos y sanos en el futuro.

El autor es consultor y escritor.  

Editorial
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