Víctor Cantarero [email protected]
En los últimos foros desarrollados sobre la problemática de la caficultura, un tema muy actual y que para muchos es imperativo ha sido: La Diversificación de la Caficultura.
Cualquier caficultor del área centroamericana se queja de que el rubro dejó de ser rentable, que no es sujeto de crédito, que está por perder la finca, pero si le pregunta si tiene un vivero para siembra de café inmediatamente le responde que siendo cafetalero es obligado.
Inversionistas están comprando fincas cafetaleras y haciendo inversiones en café, incluso se están haciendo fincas de hasta 1,000 manzanas.
¿Serán proféticas las palabras de los que dicen que hay que ir pensando en otros cultivos?
En la diversificación de la caficultura, se proponen cultivos sustitutivos sin darle el valor que tiene para las economías nacionales, ni el valor ambiental que representan las 700 mil hectáreas de café que hay sembradas y el enfoque se dirige a sustituir todas las plantaciones que están por debajo de los 800 m.s.n.m con el propósito de producir solamente café de calidad, lo cual correspondería a más de 280 mil manzanas “no aptas para café”.
En Centroamérica ingresan unos 600 millones de dólares por venta de café, para Nicaragua las divisas del café han llegado a representar hasta el 30 por ciento de sus exportaciones agrícolas. Aproximadamente el 10 por ciento de la población está involucrada directamente con la actividad cafetalera, a tal grado que con la crisis actual unas 500 mil personas han perdido sus empleos y se han constituido en una masa migratoria que se mueve a lo interno de sus países y hacia países vecinos o hacia Estados Unidos.
En la parte ambiental se necesita valorar cuál es el aporte de biomasa que representan los cafetales en las condiciones actuales. En países como El Salvador los cafetales son los principales “bosques del país” (9 por ciento del territorio).
En Nicaragua, más del 80 por ciento de los cafetales (unas 100 mil manzanas) se encuentran sembrados en laderas. Debemos recordar que un cafetal tiene entre 2,500 y 4,000 cafetos por manzana, adicionalmente se incorporan unos 250-300 árboles de sombra. La biomasa de un cafetal es de aproximadamente 200 toneladas.
El Pacífico nicaragüense tiene más del 80 por ciento de sus plantaciones por debajo de los 800 metros y cuando se habla de diversificación sustitutiva todas estas áreas se eliminarían. Qué dirán los que recuerdan la experiencia del Plan CONARCA.
En datos que presentó el Dr. Robert Rice en su tesis magistral realizada precisamente sobre el efecto del Plan CONARCA en 1991, se cita que en suelos con cafetales al sol, se conservaba un 72 por ciento menos de humedad que en un cafetal tradicional y que el aporte de materia orgánica en la combinación del cafetal más los árboles de sombra es más o menos 20 toneladas.
La Diversificación debe valorarse bajo las siguientes premisas:
1. Se hará diversificación dentro del cafetal: En estudios realizados se ha llegado a comprobar que en zonas bajas al establecer 100 árboles de Laurel se pueden generar en 15 años unos U$ 3,000.00 (enfoque de largo plazo).
2. Se hará diversificación suplantando el cultivo por debajo de 800 m.s.n.m:
¿Habrá voluntad de eliminar unas 60 mil manzanas?
¿Qué cultivos comerciales se adaptan a las zonas cafetaleras? Es lamentable que aún conociendo la experiencia del cultivo de la soya en el Occidente del país, algunos organismos anden queriendo sembrar soya en la zona norte de Jinotega y Matagalpa.
¿Se generará trabajo a los más de 100 mil desempleados que hay por la falta de atención al café?
¿Están disponibles los recursos financieros que demanda la diversificación, que podrían ser entre 20 y 60 millones de dólares?
¿Está preparada la infraestructura que se demanda: caminos, centros de acopio, cuartos fríos para la producción de no tradicionales?
¿Están listos los recursos técnicos capacitados o se seguirá experimentando con proyectos de seguridad alimentaria que sólo llevan paliativos a los productores y no le resuelven sus problemas de desarrollo productivo?
La Diversificación demanda una estrategia de largo plazo, con un enfoque de sostenibilidad participativa con la decisión de los productores de optar a otros cultivos, garantizando provecho a las generaciones futuras, se necesita implementar un Programa Nacional del Café, donde concurran todos los recursos disponibles para la caficultura.
Las propuestas deben ser serias y con el compromiso de los productores de que cuando suban los precios del café no volverán a planes masivos de siembra de café.
Debe haber un pronunciamiento fuerte para ¡no a futuros planes CONARCA!
El autor es consultor ambiental.