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Para superar la mala calidad del transporte público de Nicaragua también hace falta que actuemos con una mente más abierta y dejar de pensar que, por ser éste un país pobre, tenemos que conformarnos con buses destartalados y tolerar siempre a un clan de empresarios que sólo sabe pedir subsidios estatales.
Esa mentalidad “probresista”, como me dijo un amigo, de creer que siempre hemos de ser pobres y en consecuencia usar lo peor, nos ha sumido en un círculo de atraso y nos impide buscar salidas creativas. En principio falta más competencia para mejorar ese servicio.
¿Por qué impedir que crezca la competencia empresarial en el negocio del transporte público? La variedad en las calidades y precios del servicio sería beneficioso para los usuarios. También es bueno que entren a competir nuevos inversionistas, siempre que el gobierno garantice el orden con reglamentos claros, para evitar monopolios.
Incluso, conviene que grupos empresariales con mucho poder económico participen en el negocio, porque ayudarían a mejorar de forma notable el transporte en poco tiempo, si hacen inversiones de largo plazo.
Entre los que pagan el precio promedio de una carrera de taxi, 20 córdobas, y el de un bus urbano, dos córdobas, existen personas que pueden dar tres, cinco, ocho y hasta diez córdobas, por transportarse con más comodidad y seguridad, dependiendo de la hora y las circunstancias.
De hecho los ciudadanos ya han sido obligados a gastar más en transporte, por el mal servicio de los buses, porque en emergencias o cuando disponen de un poco más de dinero toman taxis, su única opción hasta hoy, y los taxistas se aprovechan cobrando a su antojo.
Si lográramos tener servicios diferenciados, cuantos fueran necesarios, los ciudadanos podrían optar según sus posibilidades económicas o las urgencias que afronten, mientras los empresarios ganarían de acuerdo a lo que ofrezcan, en una competencia que poco a poco contribuirá a elevar la calidad del transporte.
Pero si creemos que todo el problema se reduce al precio del pasaje y cada año hay que negociar si aumenta o se congela mediante subsidios para los transportistas, los ciudadanos viajarán siempre en chatarras.
Los clientes de los buses proceden de distintos segmentos poblacionales y el servicio diferenciado de transporte los irá ubicando, según sus ingresos y necesidades, alrededor de las líneas que más les convengan. Tanto que el transporte de menor precio perdería presión y quienes lo sigan usando hasta podrían viajar un poco más holgados.
Es necesario sí que el gobierno propicie la entrada de nuevos empresarios en el sector transporte, para que fluyan las iniciativas y empecemos a salir de esa rutina que cada año trastorna la capital: Los buseros exigiendo aumento de precios, el gobierno cediendo por temor a los paros violentos y, al final, los viajeros con el mismo martirio de viajar en chatarras.