Reforma tributaria y estabilidad económica

José Luis [email protected]

En la discusión del proyecto de ampliación de la base tributaria, se ignora al parecer que Nicaragua tiene el déficit fiscal en relación al PIB más alto de América Latina. Ese déficit es simplemente insostenible, independientemente o no que los organismos internacionales, presionen para su reducción. Se argumenta que el gobierno presentó de manera apresurada el anteproyecto de ampliación de la base tributaria. Ello podría ser cierto. Sin embargo, un mayor error sería que por una decisión de la Asamblea Nacional, se postergue la introducción al Directorio del FMI, de un nuevo acuerdo con ese organismo. Ello retrasaría no sólo la entrada de US$100 millones de dólares de parte del FMI, sino que además, debido al sistema de condicionalidad cruzada, atrasaría otros desembolsos multilaterales e inclusive bilaterales, lo que prolongaría innecesariamente, la actual fase de desaceleración —que se inició desde comienzos del año 2000— de la economía de Nicaragua.

Es cierto que mayores recaudaciones y disminución del gasto público, no constituyen una política macroeconómica expansiva. De hecho la ampliación de la base tributaria tendría un primer efecto contractivo. Sin embargo, en un país pequeño con el déficit comercial en relación al PIB más alto de América Latina y del mundo no es posible adoptar políticas fiscales expansivas, porque ello agravaría el déficit comercial, evaporaría las reservas internacionales y crearía un proceso de inflación y devaluaciones. La única alternativa es reducir el déficit fiscal, lo que al permitir por otro lado un acuerdo con el FMI, inyectaría recursos para la reactivación económica, lo que sería el lado expansivo de la reforma. Más aún si no se aprueba el anteproyecto de ley, al ingresar menos recursos externos, el efecto recesivo de esta decisión de la Asamblea sería mayor que el primer impacto contractivo de la ampliación de la base tributaria.

Nadie ignora que las medidas anunciadas tienen un carácter esencialmente recaudatorio. Sin embargo, ya ha sido anunciada una segunda fase para una reforma sustancial, donde diversos análisis han señalado la necesidad de introducir un sesgo proexportador y proproductivo al sistema tributario. Esta segunda fase, sin embargo, no excluye sino más bien complementaría las medidas propuestas a la Asamblea Nacional. Cabe sin embargo, aclarar que una reforma tributaria de fondo, deberá basarse en el principio de la neutralidad, es decir, en la eliminación de la multiplicidad de tratamientos especiales que contempla la legislación tributaria vigente. Dado el gravísimo déficit comercial, los únicos incentivos especiales deberán de corresponder al sector exportador.

La neutralidad fiscal requerirá erradicar el amplio sistema de exenciones y exoneraciones, estableciendo un sistema de incentivos lo más parejo para todos los productores, con incentivos especiales únicamente para las exportaciones. Ello implicará analizar, entre otras cosas, la posibilidad de introducir las siguientes medidas: a) establecer tasa cero del IGV exclusivamente para las exportaciones; b) exención parcial de la renta gravable proveniente de exportaciones no tradicionales; c) desconglobación del impuesto al petróleo y sus derivados, en un IGV y un IEC complementario, lo que permitiría a los productores acreditar el IGV disminuyendo los costos de producción; d) pasar a tasa cero DAI la generalidad de insumos y bienes de capital, en vez de una política de exención sector por sector. Esto último requeriría de un tratamiento especial dentro del proceso de Unión Aduanera; e) eliminar o disminuir los tratamientos especiales para el turismo, cooperativas, ONG y otros. Los incentivos fiscales deben de ser parejos.

Esas medidas, que correspondería discutir en una segunda etapa del proceso de reforma tributaria, no resultarían factibles si no se desmantela el amplio sistema de exenciones y exoneraciones actualmente vigente, inclusive las exoneraciones al mismo gobierno. Cabe también señalar que aunque la estructura impositiva actual se basa en impuestos indirectos y es por tanto regresiva, la tendencia en la generalidad de los países en los últimos veinte años, no es la de incrementar impuestos directos como el Impuesto sobre la Renta, ya que ello incide en la inversión lo que obstaculiza el crecimiento y la creación de empleos. Respecto al IR y impuesto de bienes inmuebles, lo que cabe es combatir la evasión existente. No corresponde como sugieren algunos, aumentar las tasas de los impuestos directos, lo que cabe es ampliar la base. Es por esto último, que por ejemplo, el proyecto de Ampliación de la Base Tributaria, contempla aumentar de 5 por ciento a 10 por ciento la retención a profesionales, ya que varios estudios evidencian que muchos de los retenidos no presentan posterior declaración. En resumen, lo que corresponde es aprobar la ampliación de la base tributaria para luego en una segunda fase, realizar una reforma tributaria integral. Los efectos de hacer nada, son gravísimos.

El autor es economista.  

Editorial
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