AFP
LAS VEGAS, EEUU.-Marco Antonio ‘Barreta’ Barrera venció por decisión unánime a Erik ‘Terrible’ Morales y le arrebató la corona de los pesos plumas del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), en un emotivo pleito disputado anoche en Las Vegas.
Barrera tomó revancha grande de la derrota sufrida ante Morales, por decisión dividida, en febrero de 2000, y además le arrebató el invicto al púgil de Tijuana.
Barrera se llevó una votación con tarjetas de 116-112, 115-113 y 115-113.
Una parte de la prensa especializada se mostró sorprendida por la victoria unánime de Barrera, quien en las tarjetas de algunos reporteros iba debajo hasta por dos puntos.
Empero, al parecer, los jueces estimaron que la agresividad de ‘Barreta’ pesó más que el depurado estilo de Morales, quien finalizó el pleito con el ojo derecho casi cerrado por los fuertes derechazos de su rival a ese lado de la cara.
“Creo que gané en buena ley. Le tomé la iniciativa y conecté los mejores golpes”, expresó Barrera, quien a sus 28 años se consolida como uno de los grandes del pugilismo mundial, luego de destrozar el pasado año a Naseem Hamed.
Morales se mostró inconforme con el veredicto. “Aunque apretó en los últimos dos rounds creo que hice méritos en los anteriores para llevarme el triunfo, pero ni modo, así son las cosas”, manifestó.
La pelea tuvo menos acción que la anterior, tal vez por el respeto que ambos púgiles se guardaban.
Luego de los dos primeros asaltos de estudio, Morales activó su artillería, y con recto de derecha contundente y ganchos cortos al plexo, mantuvo el pulso del pleito por los siguientes tres asaltos.
En la séptima vuelta el ‘Terrible’ sacó un gancho abierto al hígado de su rival, quien puso las rodillas en el encerado, pero se levantó tan rápido que el árbitro principal, Jay Nady, estimó que había sido un resbalón y no le hizo conteo a Barrera.
Por los monitores de TV instalados para la prensa se apreció claramente, en la cámara lenta, que el golpe había sido limpio y justo en el lugar doloroso. El impacto sacó a Barrera de su marasmo y lo convirtió en un león, que desde entonces comenzó a acosar a Morales por todo el cuadrilátero y a acortar la diferencia en las tarjetas de algunos jueces y periodistas, que tenían delante al campeón pluma.
En el descanso del undécimo, la esquina de Morales sabía que no todo estaba definido y le mandaba al centro del encordado con la misión expresa de “noquear a ese buey a como dé lugar”.
De su lado, la de Barrera le pedía el extra en la última ronda, “para que no dejes dudas de tu triunfo, cabrón”.
Ambos púgiles escucharon el consejo y terminaron en un intercambio zapatilla contra zapatilla, que levantó de sus asientos al respetable público.