“¿Qué nota brother? nos vamos a chamolear o qué hongo preferís quedarte con tu “roko”… Para los adultos frases incomprensibles, pero para los adolescentes es la forma más común de comunicarse. La finalidad es identificarse y rebelarse ante lo establecido.
Imagínate en una de tus calles preferidas, sola y dispuesta a realizar las actividades del día sin contratiempos. Cuando de repente te encontrás con un jovencito que al verte no pierde tiempo en decirte: “amorcito me cuadra tu pochi pochi. Y tu chemi me cuaisa ¡Ay mamá! tu guaje me cae como anillo…”, ¿cómo reaccionarías?
Una persona arriba de los 20 años, seguramente se sentiría ofendida y sin pensarla dos veces, respondería con algún insulto. Pero una adolescente ni siquiera se perturbaría porque entendería que están hablando de sus zapatos, camisa y pantalón.
“El otro día iba con mi hija cuando nos topamos a un jovencito que me dijo: ‘adiós roka, cuídeme a la Shakira’. Y yo le dije a mi hija: ‘¿vos le entendiste? porque yo no y hasta donde sé, ese no es tu nombre. ¿O es que lo conocés?”, cuenta doña Ofelia Jarquín.
Su hija, Marta, de 17 años, sí comprendió el mensaje. “Mire —aclara la jovencita—él quiso decir adiós mamá, cuídeme a su hija. Y yo las sé porque las usamos entre los estudiantes”.
Un grupo del primer año de secundaria del Colegio Benjamín Zeledón dice que eso es cierto y añade que en su vocabulario hasta suelen agregar frases de la calle.
Por ejemplo cuando se refieren a una jovencita orgullosa dicen: “esa chavala es banana, o es una fresa o es una redonda”. Si deciden ir a comer, expresan: “vamos a golpear” o “vamos a chamolear”.
Al saludarse prefieren optar por el ¿”qué onda?” o “¿entonces, loca?”, quizás “¿qué paso maje?”, “¿qué nota brother? Si están en el salón de clases, el “teacher”, en vez de profesor o maestra, sale a relucir.
Pero eso no es todo, si están molestos con el profesor comentan que “ese viejo es un redondo… le vamos a ganar” o señalan que “no les cuadra”. Es decir que no les cae bien.
Más conocimiento
Entre el grupo si no tienen repuesta a lo que les preguntan, precisan: “no sé mano”. Y si ven que sus enemigos vienen cerca, susurran: “ahí vienen los traido”.
A los alumnos de baja estatura, suelen llamarlos “tapones”. Y a los demasiado altos, “jirafales”. A los flacos “palillos” o “huesudos” y a las gordas “tanquetas”.
Los pleitos tampoco se quedan atrás. Sobre todo, las chavalas quienes en su afán de retar optan por expresiones fuertes como: “quitate los anillos y lancémonos taco a taco”.
Si el asunto es salir de pachanga, lo acuerdan diciendo: “ahí nos vidrio”, por decir: “ahí nos vemos”. ¡Ah! pero si el chavalo invita al bacanal, a la fiesta, asegura el sí de la chavala recordándole: “cuidado te portas como peluche”, que es sinónimo de: “cuidado no llegás”.
Para referirse a su grupo de amigos, los pelones dicen “La people”, “La flota” o “Los carnales”. Y los más atrevidos agregan que cuando van a tener relaciones sexuales preguntan a la chavala si lleva a “don Goyo”, es decir si llevan preservativos.
En su complicidad los chavalos también incluyen apodos para sustituir los nombres propios de sus compañeros. Éstos generalmente van acorde a sus características físicas (como la Shakira) o capacidades.
Así a los ojones les dicen “cangrejos”, a los inteligentes, “burritos”; a los blancos de pelo amarillo, “ovejas”; a los mechudos o pelos lisos, “topos” y a los dentones, “ratas”…
Otras frases comunes son: “qué hongo”, sinónimo de qué paso o qué ocurrió; “qué kilombo”, frase semejante a decir qué problema, o qué paseada o escándalo.
“Qué pavada”, equivalente a qué estupidez o no digás tonterías. “Ya no vetún” a ya no ves, ya no mirás; le llaman “chante” a la casa o dormitorio; “sorbete” a sordo y “roko” a papá.
Forma de rebeldía
Róger Matus, gramático del Lenguaje, explica que a este vocabulario tampoco escapan los alumnos procedentes de los colegios privados. Según dice, los estudiantes en general son hablantes que continuamente crean y recrean voces, sin importar el grupo al que pertenecen. “Esto es algo particular de su edad”, señala.
¿Pero a qué obedece?
“A su necesidad de identificarse, de unirse como grupo, de revelarse ante las cosas establecidas. Además a ellos les gusta aventurarse a la creación de nuevas cosas. Es propio de los muchachos de 13 a 20 años y quien no lo hace está fuera”, argumenta.
La psicóloga Yadira Espinosa comparte la apreciación del lingüista. Para ella esta jerga permite a los adolescentes establecer vínculos con más complicidad y desarrollar una identidad.
“Eso es algo normal… porque si te fijás en la adolescencia todos hemos pasado por eso, aunque en la adultez lo desechemos y optemos por un lenguaje más refinado. En sí es una forma de llamar la atención, de hacerse notar ante los demás, de verse diferentes”, argumenta.
Matus reconoce que con esa pretensión los muchachos recurren a varios recursos lingüísticos como las metáforas, las palabras compuestas, los fraseologismos, sinónimos, préstamos de idiomas o claves. Y llegan hasta vaciar los contenidos de las palabras existentes o a invertirlas.
“Cuando los muchachos dicen: esta chavala está resistoleada para expresar que está bien enamorada o bien pegada del novio, está usando metáforas porque está hablando en sentido figurado. Recordemos que esa palabra viene de resistol (pegamento)”, precisa el gramático.
“Ahora, con las palabras compuestas crean muchas frases. Por ejemplo al carro del papá suelen llamarlo roko móvil, que deriva de la palabra Papa móvil (éste es el nombre del automóvil que usa el Papa Juan Pablo II)”, detalla.
Otros casos son los de: “acalambrado” (de calambre) con el que indican a una persona miedosa o cobarde; “Chamboa” con la que refieren a alguien que come como chancho y duerme como boa; “Tarúpido”, con la cual señala a la gente que aparte de estúpida es tarada.
Por otro lado el experto observa que también recurren a los fraseologismos cuando dicen: “esa chavala está arrastrando la cobija”, por decir “esta enamorada”. O “a ella se les resbala la inteligencia”, por expresar que es una tonta.
Además echan mano de los sinónimos. En este sentido, Matus expone que la expresión tonto tiene palabras equivalentes a: bato, avismado, Bernardo, gato pelón, aguaymado, banano, bastardo, Chavelo, Gil, Gilberto, Lucas, anidado, anonado, pichorcha, Roberto, turulete, merelete, broelandia, mierdoso, dundulario, desajustado, nino, mape, desajustado, naneco, tareco, tarujo, Lencho, Matute, Sopenco, nutria loca, animal, Jaime, Reynaldo… E inclusive a las personas chismosas las llaman: Chepa, Chepa Cachimba, Pancha…
“Si se fijan usan nombres propios. Yo me aventuro a argumentar que los utilizan por intención desmesurada de crear y recrear frases”, aduce.
En cuanto a los préstamos… el especialista detalla que “tuani”, muy bonito, y “nelfis”, parejas (que de tanto uso ya se incluyeron en la Academia Nicaragüense de la Lengua) provienen de la jerga del Malespín.
Así como el uso de frases de origen inglés como New, que en español significa nuevo, o sofy. Por ejemplo cuando los jovencitos dicen: “¿y ese carro que compraste está niu?” o “al sofy loco”, que sustituye: “al suave loco” , o “con moderación”.
Sobre los términos que vacían de contenidos, el gramático ejemplifica el vocablo capote, que en la actualidad lo utilizan para denominar al condón. Y acerca de las palabras invertidas refiere: nepe, chovi, taven, damier.
¿Cuáles son las ventajas o desventajas de esta manera de hablar?
“Mire, con este vocabulario no hablan ni mejor ni peor, porque sólo lo utilizan en determinadas circunstancias como en fiestas, entre amigos o para esconder secretos.
“Es decir para reflejar sus formas de ver la vida, sus frustraciones, inquietudes. Se convierte en un problema para el lenguaje, si lo llegan a usar de forma extrema, porque así lo empobrecen”.
¿Qué prevé?
“Las nuevas generaciones de estudiantes van a seguir creando, recreando o desechando palabras. Sobrevivirán las que más se divulguen y desaparecerán las que poco tomen en cuenta”, augura.
Espinosa, por su parte, indica que este vocabulario es tan transitorio como las modas. “Es un período que acaba cuando llegan a ser adultos. Los padres de familia deben comprender que es propio de la edad y que se aprende con el grupo de amigos, se alimenta en sus hobby, en la calle y hasta con lo que escuchan en la televisión”, expone.
Vocabulario móvil
EN EUROPA
En España los adolescentes utilizan un vocabulario móvil para economizar sus mensajes telefónicos. Por ejemplo “bip bip”, indica que les han llegado noticias. “M toca el tema 3” sugiere que está estudiando el tema tres. “Toy en la biblio”: están en la biblioteca.
EN VENEZUELA
Los chavalos son tan innovadores como en Nicaragua. Por ejemplo para decir: Gloria está sin entusiasmo, dicen: “Gloria está achantada”. A los borrachos los llaman “aguarapados” o “al pelo”.
Para ellos “echar el ojo” es fijarse en algo, desearlo o cuidarlo; “echar los perros” es cortejar a alguien y “empiernarse” es hacer el acto sexual.
EN ARGENTINA
Para los argentinos “acabar” es llegar al orgasmo, “aceitar” es sobornar, “acomodo” es una situación de privilegio. “Electricista” es sinónimo de sicoanalista o psiquiatra.
“Embalurdar” es confundir o engañar a alguien; “frito” es estar muerto, arruinado o muy perjudicado; “fulero” es ser feo, desagradable o de aspecto turbio; “fumista” es ser tramposo o chismoso y “salsa” es castigo o paliza.
EN EL RESTO…
En otros países latinoamericanos, los chavalos al referirse a las personas distraídas dicen: “está en cualquiera”. Si quieren manifestar que una idea es buena, exclaman “¡es una joya!”
Al señalar que una situación es deprimente, enfatizan que “es un bajón” y para decir “tiene muchos años”, dicen: “tiene una bocha de años”. Si algo es positivo o auténtico, expresan que “es posta”.
Si un autor no llega a ninguna conclusión, precisan “esta idea no cierra”. Otras veces reemplazan las palabras por gestos, por ejemplo levantan los hombros para decir “no sé”.
Las de antaño
En la década de los 80 los adolescentes matizaban las palabras con evocaciones ideológicas. “La expresión: ponerse las pilas (utilizada en sus inicios para animar a los chavalos durante los combates) llegaron a usarla para alentarse en otras metas como el estudio o el trabajo”, explica Matus.
Lo mismo pasó con el término: runga, con el cual denominaban a las batallas y que más tarde fue sinónimo de trabajo. De allí se originó la famosa frase “runguero”, usada para referirse a las personas acostumbradas a los oficios o profesiones difíciles.
En los 90, el asunto cambia. En este decenio, el elemento ideológico pasa a la historia y se comienzan a sustituir las siglas de aquel entonces. Así desaparecen abreviaturas como CDS, organización de vigilancia revolucionaria; EPS, Ejército Popular Sandinista… por citar algunos.