- El tanto permitió el histórico
triunfo de la Argentina ante Inglaterra
Ariel TiferesLa Nación
ARGENTINA.- Si hubiese que establecer un día como homenaje al gol, máxima expresión del fútbol, no habría duda de qué fecha sería el 22 de junio. Hace 16 años, el Estadio Azteca fue testigo de la obra cumbre del mejor jugador argentino de todos los tiempos.
“Diez segundos es mucho en la vida del héroe. Diego Armando Maradona danzó y salió como un proyectil enloquecido. Con el balón, el cuerpo y las velocidades dio gato por liebre a cinco súbditos del imperio británico y puso un gol maravilloso en la historia de todos. Fue en México, en la cancha Inglaterra y Argentina jugaban uno de esos partidos de quedarse o irse. Calor, polución, altitud. Mirban millones. Tensión, miedo, emoción. Ya saben. De pronto, el Negro Enrique ve a Maradona y le pasa el balón en corto. El diez recibió en el callejón del ocho, de espaldas al arco contrario, con un inglés a cada lado y todavía en su propio campo. Controló, giró y se metió a contramano por una autopista que sólo un chiflado podría trazar.
Quedaban algo más de cincuenta metros y muchas curvas, le esperaban tipos duros, pero nobles. Empezaba la gran antología de la gambeta. Belleza, asombro, y un final útil. Lo vi mil veces y no podría contarlo. Diez segundos, diez toques: un héroe con el número diez”. El relato pertenece a un espectador de lujo de aquella proeza, Jorge Valdano, que recuerda de esta forma en el libro “Sueños de fútbol” el histórico gol de Diego. Valdano acompañó dentro de la cancha la epopeya esperando un pase que, por suerte para la historia del fútbol, nunca llegaría.
El propio Maradona recuerda en “Yo soy el Diego”: “El segundo, fue el gol que uno soñó de pibito. Nosotros, en el potrero, cuando hacíamos algo así o parecido, decíamos que lo habíamos mareado al rival, lo habíamos vuelto loco. Me parece mentira haberlo hecho yo, pero te parece que no se puede hacer un gol así, que lo podrás soñar, pero nunca lo vas a concretar, ya es un mito”.
“La cosa fue así: yo arranqué atrás de la mitad de cancha, sobre la derecha, la pisé, giré y pasé entre Beardsley y Reid, ahí me puse el arco entre ceja y ceja. Con un enganche hacia adentro, lo pasé a Butcher. Ahí me empieza a ayudar Valdano, porque Fenwick, que era el último, ¡no me salía! Yo lo encaré, entonces, amagué para adentro y me le fui por afuera, hacia la derecha. Yo seguí y ya lo tenía a Shilton de frente… el Barba me ayudó… Pic hice así y se comió el amague. Entonces llegué al fondo y le hago tac, adentro”, cuenta Diego en su autobiografía.
Una de las anécdotas de ese momento (quese puede escuchar en el audio adjunto) la ratifica el mismo Diego: “En el vestuario, cuando le dije a Valdano que lo venía mirando, me quiso matar: no te puedo creer, ¿hiciste ese gol y me venías mirando? Me ofendés, viejo, me humillás, no es posible… y se acercó el Negro Enrique, que estaba en las duchas y remató: mucho elogio, mucho elogio para él, pero con el pase que te di, si no hacía el gol era para matarlo”.
Los críticos de Maradona, que no faltan en la Argentina y en el mundo, preferían acordase del primer tanto del seleccionado nacional ante los ingleses, también convertido ese día. Aquel que convirtiese el diez, extendiendo su brazos por encima del arquero Shilton y que luego bautizara como “La mano de Dios”.
Los que elijan recordar la “picardía” de Diego, más allá de nacionalidades o colores de camiseta, se perderán de disfrutar el mejor gol de todos los tiempos.