Pablo Antonio Callejas [email protected]
Muchos de nosotros estamos contentos porque a los políticos corruptos se están llevando a la justicia, pero, ¿qué hay de la corrupción nuestra?
¿Cuántos de nosotros, alguna vez no le hemos pagado a un policía para que no nos aplicara una infracción? Si hubo un error en una transacción bancaria, en favor de nosotros, ¿cuántos no la aprovechamos? ¿Cuántos comerciantes no le han dado precios mucho más altos a los “ricos” que los “pobres”? La mayoría hemos estado en situaciones similares a éstas. ¿No son éstas formas de corrupción? ¡Sí! Todo nicaragüense sabe que la persona que le “da vuelta” o engaña a otro es considerada “muy inteligente” y es admirado. ¿No es esto también una forma de corrupción?
Es muy fácil estar señalando a los políticos corruptos, pero es igual de importante y más difícil que nosotros comencemos a fijarnos en los actos de corrupción que cometemos en nuestras vidas y corregirlos.
La razón es porque los políticos corruptos también justifican sus acciones. Uno, estando en un puesto dentro del gobierno, puede pensar: “Bueno, yo estoy haciendo algo bueno por mi pueblo, por lo tanto es justo que yo me agarre mi dinerito”. ¿Por qué la primera justificación es correcta y la segunda falsa?
No hay respuesta, las dos son falsas. Sigamos apoyando la lucha contra la corrupción, pero para los ciudadanos que realmente apoyamos a don Enrique en su lucha, enfoquémonos también en erradicar la corrupción en nuestras vidas cotidianas.