Emilio Alvarez Montalbán
Una de las injusticias más flagrantes, cometida en la esfera internacional, sigue siendo la exclusión de China insular de Naciones Unidas. Y ello a pesar que el Estado taiwanés fue fundador de la ONU con asiento permanente en el Consejo de Seguridad, cuando firmó su Carta Constitutiva en 1945.
No obstante, cuando Nixon estableció relaciones plenas con China Popular, ésta puso como condición el retiro de Taiwan de la ONU. Esta decisión de marginar a 23 millones de personas, afectó también a la organización mundial, que se vio privada de recursos y avances técnicos que le hubiera proporcionado China insular. A pesar de esa ausencia de Naciones Unidas, los taiwaneses 30 años después alcanzaron un ingreso promedio anual per cápita de doce mil dólares, llegando sus exportaciones a 120 billones de dólares.
Es evidente que las intrigas de Beijing para aislar a Taiwan incluso como observador, en la Organización Mundial de la Salud, contradice el derecho a servicios médicos del más alto nivel sin distinción de raza, religión e ideología dictada por la misma OMS. Además dificulta el flujo informativo de los científicos a nivel mundial.
Para los países tercermundistas los avances extraordinarios logrados por Taiwan representan un fracaso de la política excluyente de China comunista, pues los habitantes de la República China insular gozan del más alto nivel de vida, y logran en el campo sanitario, la tasa de mortalidad más baja, tanto materna como infantil, erradicando por completo enfermedades como el cólera, peste bubónica y poliomielitis y distinguiéndose además porque vacuna gratuitamente a todos sus niños, contra hepatitis B, enfermedad viral de alta mortalidad.
Ante los obstáculos que a su reintegro en la OMS pone Beijing, la República China insular insiste desde 1997 en reincorporarse, contado con el apoyo de muchísimos países latinoamericanos incluso del Congreso estadounidense y la Unión Europea. Es una iniciativa que se propone anualmente, durante la Asamblea que en cada otoño celebra Naciones Unidas.
No sólo en el campo del desarrollo material que Taiwan es un paradigma, pues pasó de una economía agraria latifundista, a potencia industrial de tecnología de punta, sino también es un modelo de vida democrática. En efecto la República de China insular que empezó con un gobierno autoritario y corrupto, es ahora un modelo democrático. Baste decir que hay separación de poderes, amplia libertad de prensa y organización sindical y empresarial, al punto que el Partido que gobernó por más de 20 años (Koumitang) fue desplazado por su opositor, el Partido Democrático Progresista en un clima de orden y legalidad.
El nuevo presidente de China Taiwan, doctor Chen Shui-Bian electo directamente, está empeñado no sólo en recuperar la economía de la isla, sino que insiste en dos aspectos: mantener sin crisis las relaciones con China Continental y robustecer las relaciones con el mundo. A ese respecto destaquemos su código de “cinco noes”; 1) no declarará la independencia de Taiwan 2) no cambiará el nombre de la nación 3) no insistirá que se incluya en la Constitución el concepto de relación “Estado-Estado”. 4) no celebrará Referéndum para que los votantes decidan entre independencia y unificación. 5) no propondrá la modificación de las directrices para la unificación nacional.
Para Nicaragua la amistad con Taiwan ha sido provechosa y aleccionadora, pues recibe asistencia técnica, financiamiento de programas, donaciones humanitarias beneficiándose también con el Servicio diplomático alternativo, formado por jóvenes taiwaneses, que vienen a apoyar proyectos de vivienda de ayuda mutua, en vez de ingresar al servicio militar obligatorio en su país.
La llegada a Nicaragua del Canciller de China Taiwan, doctor Eugene Y. H. Chien para reunirse con sus homólogos del Istmo Centroamericano, le animará a seguir cooperando al enterarse del nuevo estilo de política del nuevo gobernante.
El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.