Corrupción y empleo

En el fondo del mensaje a la nación que el presidente Enrique Bolaños dirigió el domingo pasado con motivo de sus primeros 100 días de gobierno, dominaron los temas de la corrupción y el empleo. Es evidente que el Presidente comprende muy bien que el empleo es una resultante de la inversión, y que ésta, a su vez, depende en gran parte de que el ambiente de inversión sea sano, es decir, que no sea corrupto.

Pero el primer mandatario de la nación no está sólo en la comprensión de la relación empleo-corrupción, sino que la mayoría de la población también la entiende muy bien. De acuerdo a una reciente encuesta de Borge & Asociados, un 68.5 por ciento de los consultados opina que el tema del desempleo debe ser el principal elemento de las políticas gubernamentales, en tanto que la corrupción es ubicada en un segundo lugar por un 31 por ciento de los encuestados. A pesar de que en la encuesta no hubo una pregunta específica para que la gente expresara lo que piensa de la relación empleo-corrupción, es obvio que su comprensión está implícita en el alto grado de aceptación —80 por ciento— que la ciudadanía le otorga a la gestión del presidente Bolaños, quien, en los primero 100 días de gobierno dedicó una buena parte de su tiempo a poner la casa en orden, o sea, a combatir la corrupción.

La gestión de los primeros 100 días de la administración Bolaños goza también de la aprobación de la comunidad diplomática internacional, hecho nada despreciable si tomamos en cuenta el alto grado de dependencia de Nicaragua de la cooperación externa. La renovada confianza en el actual gobierno ha hecho que la ayuda suspendida o retenida esté empezando a fluir nuevamente.

Aunque sin mencionarlo específicamente, Bolaños hizo uso del caso del Canal 6 para ejemplificar el costo de la corrupción. Puso ejemplos dramáticos de todo lo que pudo haberse hecho en beneficio del pueblo con “un millón y medio de dólares” —que equivale, exactamente, a lo robado en el caso del canal de televisión estatal— y reconoció que es triste, pero cierto, “que Nicaragua es calificada entre los países más corruptos del mundo,” razón por la cual, para él, “esta lucha contra la corrupción no es negociable.”

El ex presidente Arnoldo Alemán, a pesar de no haber asistido al evento presidencial del domingo pasado, se dio por aludido al comentar al día siguiente en una radio de su propiedad que, como en el gobierno no hay capacidad para hacer obras, se dedican a hablar de la corrupción. Se le olvida al ex Presidente que el gobierno actual encontró vacías las arcas del Estado, las reservas internacionales casi en cero, y las puertas del Fondo Monetario Internacional y de la comunidad internacional cerradas como consecuencia de los desmanes de su gestión presidencial.

Bolaños reafirmó sus creencias liberales al decir que cree “en la economía de mercado y en la empresa privada.” Afirmó además: “Creo en las libertades económicas y no creo que el Gobierno deba ser ni ganadero, ni agricultor, ni empresario, ni industrial, ni comerciante. El Gobierno sólo debe gobernar. Estoy convencido de que el empleo productivo solamente lo puede generar la empresa privada”. Esperamos que la convicción expresada en esta última frase lo impulse a hacer todo lo que sea necesario para remover las barreras que impiden la inversión, y, consecuentemente, la generación de empleos.

Importante, igualmente, es lo que dice Bolaños acerca de que Nicaragua debe producir para exportar. El Presidente dejó así entrever que está consciente de que las divisas que necesitamos para el pago de nuestras importaciones pueden provenir de cuatro fuentes, exclusivamente: donaciones, préstamos, remesas familiares y exportaciones, y que sólo esta última es aceptable y sostenible en el largo plazo.

El presidente Bolaños aprovechó su discurso para hacer un ajuste en el salario de los empleados del gobierno central. Vagamente mencionó que se han logrado “algunos ahorros” que permitirán tales aumentos. Es necesario, sin embargo, que especifique el monto de los recursos que necesitará el Gobierno para hacer el ajuste, y las fuentes de los mismos, porque también está comprometido a no subir los impuestos.  

Editorial
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