Luis Sánchez [email protected]
Con la frase proverbial Vae victis! (¡Ay de los vencidos!), se da a entender que el vencido está a merced del vencedor, como por ejemplo, los cabecillas del derrotado movimiento cívico militar venezolano que derrocó la semana pasada al teniente coronel Hugo Chávez pero no pudo mantenerse en el poder.
Según el historiador romano Tito Livio, en el año 387 antes de Cristo los bárbaros (extranjeros) galos conquistaron, saquearon y quemaron la ciudad de Roma. Sólo el Capitolio, sede del Senado, quedó en pie, y allí se refugiaron los nobles romanos que negociaron con los galos la salida de éstos de la devastada ciudad, a cambio de un cuantioso rescate en oro. Y mientras los derrotados romanos arrojaban sus espadas al suelo y ponían en una balanza las piezas de oro del rescate, Breno, el legendario jefe de los galos que humillaron a Roma profirió la célebre frase: Vae victis!: ¡Ay de los vencidos!
En realidad, la lógica de la historia ha sido siempre que los vencedores imponen a los vencidos toda clase de vejaciones, humillaciones y crueldades. Los mismos romanos, cuando se convirtieron en conquistadores, pasaban a cuchillo a los derrotados y saqueaban y arrasaban las ciudades conquistadas. Tito Flavio Vespasiano, quien sofocó en el año 70 después de Cristo la última rebelión judía contra Roma, incendió la ciudad, exterminó a los judíos vencidos y destruyó para siempre el sagrado Templo de Salomón que destruyeron los asirios y había sido reconstruido por Herodes el Grande.
El 14 de julio de 1099 los cristianos de las Cruzadas entraron a sangre y fuego en Jerusalén, y al grito de ¡Dios lo quiere! (cual era el mandato del Papa Urbano II) degollaron a todos los miembros de la comunidad judía que se habían refugiado en la Sinagoga. Y además, mataron a unos 40,000 habitantes musulmanes (mujeres, niños y ancianos incluidos), que habían resistido ferozmente el asedio de los cruzados encabezados por Godofredo de Bouillon, Tancredo de Altavilla, Raimundo de Tolosa, Roberto de Normandía y otros “santos” caballeros cruzados.
88 años después (el 4 de julio de 1187), a los cristianos les tocó ser los vencidos en Jerusalén y miles de ellos fueron degollados por las huestes musulmanas de Saladino (Yusuf ibn Ayyub Salah al Din, 1138-1193), quien se apoderó de la reliquia de la Santa Cruz.
Inclusive en nuestra época “civilizada” se cumple la terrible sentencia de Breno. Los turcos exterminaron a los vencidos armenios a principios del siglo 20, los nazis asesinaron a 20 millones de personas de los pueblos a los que sometieron, los comunistas estalinistas asesinaron a más de 50 millones de gentes durante la lucha contra los kulaks y en el archipiélago GULAG, Pol Pot hizo una orgía sangrienta en Cambodia, Pinochet asesinó a miles de partidarios del derrocado régimen socialista…
En Nicaragua la dictadura somocista reprimió sangrientamente cada intentona fracasada de derrocarla. Y los sandinistas, después que tumbaron al somocismo crearon los destacamentos “cazaperros” que se ocupaban de atrapar a guardias y civiles, a culpables e inocentes, y fusilaban abiertamente y a escondidas. De la Cárcel Modelo de Tipitapa salieron muchos guardias presos a quienes se les decía que iban “a Panamá”, pero en realidad era a la muerte que los conducían. Y nunca se supo cuántos somocistas vencidos fueron asesinados. Vae victis!