Elida Z. Soló[email protected]
Llamar la unión de dos homosexuales con el término de “matrimonio” no es aceptable a nadie más que, por supuesto, a los militantes gay y sus aliados que confunden sus pretensiones, deseos y agendas con lo que ellos califican como “derechos”. Es tiempo que los nicaragüenses nos pongamos a pensar sobre el significado de reconocerle un “derecho” a un determinado grupo, y cómo esto afectaría a todo el resto de la sociedad. Hay tanto que decir sobre las cosas que hoy en día se están llamando “derechos”, pero por el momento pensemos un poco en este supuesto “derecho” que los gay reclaman.
En primer lugar, aclaremos que al tener el resto del mundo —los no gay (entre 97 y 99 por ciento)— ideas diferentes sobre el matrimonio, no significa que estamos queriendo imponer nuestra moralidad sobre nadie, sencillamente vemos una verdad. El matrimonio ha sido el fundamento de la civilización por miles de años en culturas alrededor del mundo. El matrimonio es la institución social más importante, constituye la base para la procreación y la protección de la niñez, y es el corazón de una familia. Aquellos que están tratando de redefinir al matrimonio y a la familia son los que están tratando de imponer sus valores en el resto de la sociedad. El resto no somos los agresores sino que estamos defendiendo la moralidad básica que ha sostenido a nuestra cultura de un ataque que proviene de un pequeño grupo de radicales. Basta de la manipulación y de hacerse pasar por “víctimas”.
Porque dicen que se aman y deberían poder “casarse”. Pues muy bien. Es una idea de “amor” que algunas personas tienen, pero ciertamente la unión homosexual no puede ser la base del matrimonio porque éste requiere la presencia de los dos sexos. Si la definición de matrimonio se llegara a cambiar por los sentimientos de unos cuantos… ¿qué podremos esperar en una sociedad? Ya no habría razón para no permitir a otros grupos de personas “casarse” porque se aman. ¿Por qué no permitir el “matrimonio” entre un padre y su hija, o el matrimonio entre dos hermanos? ¿Y por qué no un matrimonio “complejo” de una mujer con dos hombres o qué les parece un harem? ¿Y para qué los requisitos de una edad mínima?
Algunos entrevistados han expresado que no ven por qué no reconocer esas uniones como matrimonios. Creen que no pueden hacerle daño a nadie. Creo que les ha faltado pensar un poco antes de dar esa respuesta.
Además de lo dicho, al darle un gobierno de una nación el mismo rango a las uniones homosexuales que al matrimonio, estaría diciéndole a millones de personas católicas y evangélicas que sus creencias ya no son válidas y usarían las leyes civiles para agredirlos.
Nuestros niños y niñas tendrían que ser enseñados en las escuelas que la unión sexual de dos personas del mismo sexo es igual que un matrimonio entre un hombre y una mujer.
Y, desde luego también, a los gay se les abriría la puerta de la adopción. Olvidando que la adopción es para el mayor bien del niño y no para satisfacción de los caprichos de un grupo.
Y por último, aunque es cierto que el matrimonio sí proviene de una tradición religiosa porque tiene una base bíblica, esto no quita que sea un bien para la sociedad.
Francamente, me parece un disparate tener una consulta nacional sobre este tema, pero sin duda sobrará dinero para financiarla porque hay muchos ONG cuyo personal es pagado tiempo completo por organismos internacionales para que anden cabildeando en la Asamblea y buscando qué inventar para promover la destrucción del matrimonio, la identidad de los sexos y la familia. Basta leer las propuestas de la “Ley de igualdad de oportunidades” y del “Código de la familia” para ver un producto terminado de toda su agenda: “género”, “derechos sexuales y reproductivos” y una nueva definición de familia abierta a todo tipo de “arreglos” y para ello el uso del plural: “las familias”.
La autora es socióloga.