- Una bandera que funde los colores patrios de Nicaragua
y Costa Rica, como símbolo de unidad, sobresalió hoy
domingo en la Plaza de San Pedro entre la multitud que escuchó
del papa Juan Pablo II la orden de beatificación para Sor María Romero, quien nació en Nicaragua y trabajó mucho tiempo en Costa Rica
Douglas Carcache [email protected]
ROMA.- Sor María Lourdes Argüello, de la congregación Hermanas de María Auxiliadora, explicó que la delegación de cristianos costarricenses trajo la bandera que une las de Nicaragua y Costa Rica, con un corazón en el centro, para reafirmar el ideal de unidad entre los pueblos que dejó Sor María Romero.
Romero “nació en Granada, estudió allí, fue a hacer su noviciado a El Salvador y después hizo su obra en Costa Rica, lo que ya de por sí nos une a los centroamericanos; ella es un factor de unión”, comentó José Joaquín Quadra, miembro de la delegación de cristianos nicaragüenses.
El Papa, al terminar la misa dominical hoy, a las dos de la mañana hora de Nicaragua y 10 de la mañana hora de Roma, anunció la beatificación de María Romero y que asignaría un día del año en que los católicos podrán orar en su nombre, que se supone será el siete de julio, fecha en que murió, porque para los cristianos es el día en que se nace a la verdadera vida.
En ese momento develaron un retrato de Romero en la parte alta de la entrada principal del templo de San Pedro, que se podrá apreciar desde cualquier ángulo de la plaza principal del Vaticano.
Pero antes de que el Papa declarara beata a Sor María Romero, habló el postulador, Don Liberatore, un sacerdote salesiano, quien impulsó el proceso de beatificación y expuso de forma pública los milagros que lo justifican.
“Yo me atreví a llamarla Santa, durante su misa de cuerpo presente en Granada”, dice José Joaquín Quadra, quien hace 25 años, durante el sepelio de Romero, tomó la palabra en nombre de la Asociación de Padres de Familia del Colegio María Auxiliadora.
Quadra es hoy secretario de la Asociación Sor María Romero, que continúa la obra social de la monja, y cree que los nicaragüenses deben estar muy satisfechos porque ya tienen tres personajes de trascendencia: el héroe nacional José Dolores Estrada, el poeta Rubén Darío, y esta religiosa de la orden salesiana.
LOS MILAGROS
Sor María Lourdes Argüello aprendió a tocar el piano bajo las instrucciones de Sor María Romero, pero lo que más recuerda de ella es una vocación humanitaria inagotable y los milagros.
Afirma que ya fallecida se le apareció a una campesina costarricense y le sanó a su hija que estaba al borde de morir.
“Era una campesina pobre que llegó hace pocos años al consultorio que hizo en San José, desesperada con su hija que padecía una leucemia en grado último y en la entrada encontró a una monja que se identificó como Sor María Romero, quien le aseguró que su hija se salvaría, que esperara un momento porque pronto la llamaría el médico”, relata Argüello.
Cuando la campesina salió del consultorio buscó a la monja y la encontró sola en una capilla, le preguntó qué hacer, y ella le respondió que esperara con paciencia y la acompañó al autobús.
Un año más tarde la campesina volvió al consultorio, con su hija sana, para agradecerle a Sor Romero, pero al preguntar por ella se encontró con la sorpresa de que la religiosa que describía tenía muchos años de muerta, narró Sor María Lourdes, quien hoy dirigirá un coro de las Hermanas de María Auxiliadora durante la ceremonia de beatificación.
“¡Oh, bendita Sor María, gloria de tierras hermanas Nicaragua y Costa Rica!…”, dice el himno a la religiosa nicaragüense que será beatificada hoy en El Vaticano.
SUS OBRAS FLORECEN
A los visitantes de El Vaticano se les explica este fin de semana que Sor María Romero se dedicó a buscar soluciones para las necesidades más urgentes de los pobres, como visitas médicas gratuitas y cursos de formación profesional para jóvenes.
Incluso llegó a formar un ambulatorio, para que gente pobre tuviera atención médica y medicinas; y a familias que carecían de un techo les consiguió casitas.
María Romero Meneses nació en la ciudad de Granada, Nicaragua, el 13 de enero de 1902, en una familia muy acomodada que se caracterizaba por su generosidad con los pobres, indica la biografía que distribuye hoy El Vaticano.
Desde niña mostró mucho talento para la música y la pintura y a los doce años, en el colegio de las Hijas de María Auxiliadora, empezó a conocer la obra de don Bosco, el apóstol de la juventud, quien le reafirma sus ideales.
Por eso se convierte en Hija de María Auxiliadora en 1923 y empieza “una incansable actividad apostólica, dando vida a grandiosas obras sociales, especialmente en Costa Rica, adonde es enviada en 1931”.
Murió el 7 de julio de 1977 en la jurisdicción de León, y “la fama de su santidad se expresa en el lamento general de sus asistidos y de sus colaboradores; y por obra de éstos, en el continuo reflorecimiento de las obras fundadas por ella”, concluye la biografía oficial de Sor María Romero presentada por El Vaticano.