Arnoldistas y Moby Dick

Julio Ignacio [email protected]

Los arnoldistas desvían las críticas contra el mal comportamiento político de Arnoldo, y las hacen ver como si fueran hechas contra el liberalismo o el PLC, y al que se atreve a expresar opinión contraria, lo acusan de divisionista y de querer destruir al partido.

Deberían recordar a Robespierre cuando dijo: “Todo lo que no sea fidelidad absoluta a la Convención, es delito”. Pero también que Robespierre terminó en la misma guillotina que aplicó a los disidentes.

Arnoldo tipifica el pensamiento de Aristóteles: “Un tirano para tener éxito, lo primero que empieza a hacer es prohibir”. Los caciques como Arnoldo no se dan cuenta que con la lealtad y obediencia ciega e incondicional que exigen, demuestran la inseguridad de su liderazgo, y el fracaso de su política, porque son incapaces de reconocer, discutir o argumentar opiniones expresadas libremente por otros.

Los del PLC tienen que darse cuenta de que cualquier castigo político que sufra el partido, por parte de la opinión pública, será única y exclusivamente culpa de los abusos de Arnoldo y el servilismo de los que dicen “sí señor” a todos sus deseos.

El PLC a veces me recuerda el barco del tiránico capitán Ahab, cuando persiguiendo a Moby Dick en una cacería fatal, aunque la tripulación era de treinta hombres, la obediencia al capitán era indiscutible y nadie se atrevía a contradecirlo.

En el barco todo estaba sometido a una sola voluntad que decidía el destino de todos, y que los obligó a navegar con velas desplegadas a una meta inexorable. Al final el despótico y arbitrario patrón, amo y señor, capitán Ahab, terminó hundiéndose en las profundidades del océano arrastrado por Moby Dick, enredado en una telaraña de mecates y arpones. El barco también naufragó hecho pedazos, llevándose con él a la sumisa tripulación.

Al PLC le puede pasar igual, y ser arrastrado a las profundidades por la ballena que ellos mismos han creado con su obediencia ciega y servil adulación perpetua.

Los arnoldistas, y algún incondicional diputado que le debe la posición al dedo de Arnoldo, han llegado a la audacia de decir que el presidente Bolaños es parte de una conspiración contra el PLC. Nada más alejado de la verdad.

Por el contrario, tal vez gracias a las campanadas de alerta del presidente Bolaños, advirtiendo el peligro, aún sea tiempo de airear al PLC, de darle un salvavidas para que no se hunda en las profundidades de la corrupción con el desacreditado capitán de barriada, y entonces, una vez eliminados quienes lo desprestigian, podamos institucionalizar un partido político renovado y fuerte, que promueva la democracia liberal.

Arnoldo no es el PLC, ni es su dueño, y ni siquiera es liberal.

El autor es ex ministro del Trabajo.  

Editorial
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