Edgard Rodríguez C. [email protected]
En esta época en la que malos ejemplos se han multiplicado hasta salpicar gran parte de nuestra sociedad, Vicente Padilla y Ricardo Mayorga nos ofrecen una perspectiva distinta, mientras se sitúan a la cabeza de una refrescante ola de deportistas, a los que valdría la pena imitar.
No son perfectos. Vicente ha salido de desviaciones que pudieron estropear su carrera, y Ricardo fue lo suficientemente incómodo como para no encontrar respaldo a nivel local. Sin embargo, los dos han dado giros drásticos hasta obligarnos a inclinar nuestra admiración hacia ellos.
Después de un prolongado proceso de refinamiento en las Menores y un paso por México donde consiguió adquirir la firmeza necesaria en su carácter, Padilla nos deslumbró la noche del martes con su espectacular faena ante los Bravos, dueños de una batería altamente explosiva.
Mayorga, por su parte, logró impactarnos con su boxeo huracanado, que lo convirtió apenas en el quinto nica que alcanza la excelencia en el pugilismo, al destronar a Andrew Lewis y volverse el nuevo monarca de los pesos welter AMB, en una exhibición de violencia sin pausas.
Y a la par de ellos tenemos a Marvin Benard, el esforzado patrullero de los Gigantes, que pese al acoso de las adversidades, no tiene la palabra rendirse en su vocabulario. Y, desde luego, también está Rosendo Alvarez, el estupendo pugilista que azota las categorías pequeñas.
¿Dígame si no son un lujo para el país? En medio del cúmulo de malas noticias, estos cuatro pinoleros están preparados para mostrarnos el lado amable de la vida, mientras nos emocionan y demuestran que se puede salir de las limitaciones a base de trabajo honesto y diligente.
Es quizá natural que nuestro entusiasmo se desborde, que nuestra simpatía muestre aumentadas las virtudes y esconda los defectos. Pero es que ha sido tan severa la sequía que parecemos listos para aplaudir cualquier esfuerzo que conlleve cierta trascendencia.
Sin embargo, por fortuna, Padilla, Mayorga, Benard y Rosendo son una realidad, mientras en el camino terminan de cultivarse nicas como Oswaldo Mairena o Luis Pérez, y más atrás Gonzalo López o Julio Ráudez, quienes también intentan dejar sus huellas.
¿Un poker de “ases”? ¡Qué estupendo!