Tobin, mercados financieros y ayuda al desarrollo

Rómulo Sánchez Leytón James Tobin, economista estadounidense, ganador del Premio Nóbel en 1981. Nació el 5 de marzo de 1918 en Champaign (Illinois) y murió el 11 de marzo recién pasado. Estudió en la prestigiosa Universidad de Harvard (Massachussets). En 1947 se doctoró en filosofía. Fue profesor y director de Investigación en la Universidad de […]

Rómulo Sánchez Leytón

James Tobin, economista estadounidense, ganador del Premio Nóbel en 1981. Nació el 5 de marzo de 1918 en Champaign (Illinois) y murió el 11 de marzo recién pasado. Estudió en la prestigiosa Universidad de Harvard (Massachussets). En 1947 se doctoró en filosofía. Fue profesor y director de Investigación en la Universidad de Yale. En su tesis se ocupó del Enfoque Estadístico de la Función de Producción.

Fue miembro del Consejo de Asesores del presidente Kennedy. En su informe sobre la Situación de la Economía Estadounidense y Mundial de 1962, recomendaba practicar una política económica activa. Se propuso reducir la tasa de desempleo del 7 por ciento al 4 por ciento. Después del asesinato de Kennedy, su sucesor, L. B. Johnson, cosechó los éxitos de la misma (1965): bajó el desempleo, se redujo la inflación y crecieron las inversiones de capital.

Tobin fue un convencido discípulo de Keynes. Tiene el mérito de haber desarrollado la teoría de la Preferencia por la Liquidez, en el marco de la oferta de dinero. Esta teoría partía de la inseguridad de los sujetos económicos sobre las expectativas de las tasas de interés futuros. Es decir, como las empresas y las economías domésticas, distribuyen su riqueza en diferentes activos reales y monetarios. Así analiza la relación entre la riqueza en dinero y la riqueza real, sin olvidar también sus riesgos. Los riesgos serán medidos sobre la distribución de las ganancias.

Tobin subrayó también los efectos monetarios en la demanda de inversiones y de consumo. Mediante modelos teóricos logró mostrar de qué manera las políticas monetarias y fiscales del Estado, como tasas de interés y endeudamiento, pueden influir en los niveles de renta nacional.

Hasta 1970 el comercio y transferencias de sumas grandes de divisas, estaban reguladas. Con la disolución del sistema de Bretton Woods (1973), países desarrollados como EE.UU., Alemania, Canadá, Suiza, eliminaron el tipo de cambio fijo. Así se ofreció a los especuladores internacionales un mercado lucrativo donde poder actuar.

Con la liberación total de los mercados de capitales (1990), han caído, en la era de las computadoras las últimas fronteras. En segundos son transferidas de manera virtual, sumas gigantescas alrededor del globo. Se calcula que sólo una centésima parte del movimiento de capitales sería necesario para el comercio mundial. El resto es pura especulación a corto plazo, o lo que se ha denominado “capitalismo de casino”. Así han crecido también de manera explosiva, el comercio de los llamados derivados financieros (monedas, acciones), los cuales son por regla valores que se negocian en el corto plazo.

Uno de los planteamientos más controversiales de J. Tobin (1972), lo constituye la propuesta de gravar las transacciones financieras especulativas: el Impuesto-Tobin (IT). Hay quienes se han opuesto a él, por considerar que entorpecería o desviarían los flujos de capital internacional, obstaculizando el funcionamiento libre del mercado. Sobre todo, a los países que favorecen el movimiento de los mismos, o los llamados “oasis fiscales”.

Según el FMI anualmente son trasladados de manera discreta más de 5 billones de dólares, en fortunas privadas a los santuarios fiscales. Nunca han sido los capitales tan móviles, viajando hoy más rápido que el sonido. Los aparatos fiscales de los países pierden anualmente sumas millonarias en impuestos al ser víctimas del “dumping tributario”.

Uno de los puntos de más contradicción de la idea del IT, ha sido su aplicación, así como determinar la naturaleza especulativa de los capitales. Además tendría que “sacrificarse la vaca sagrada” del sigilo o secreto bancario. Especuladores de la talla de G. Soros, la consideran “una idea completamente inadecuada”. En su libro La Crisis del Capitalismo Global, propone medidas comunes de regulación, contra el riesgo de la “amenaza capitalista”. Se sabe que las crisis provocadas por la especulación, la pagan no sólo los clientes de los bancos, los accionistas, sino también los contribuyentes mundiales. La asistencia financiera del FMI a los países, proviene de los depósitos de los Estados miembros, dinero cuya fuente son los impuestos.

La idea de tasar las transacciones financieras internacionales, sería con el objetivo de crear un fondo internacional que disminuya las diferencias entre los países desarrollados y los países en desarrollo, así como contener los movimientos especulativos de capital que destruyen puestos de trabajo, aniquilan monedas y de manera directa atentan contra la estabilidad económica y el desarrollo.

Es evidente que desde hace mucho tiempo la ayuda oficial a desarrollo ha mostrado una tendencia a disminuir.

Desde la década de los 70 la ONU ha recomendado donar un 0.7 por ciento del PIB. En el año 2000 la ayuda al desarrollo a nivel mundial alcanzó US$ 53,700 millones de dólares. Sólo Estados Unidos gastará en armamentos en el próximo año US$ 48 mil millones de dólares. Este mismo país aporta sólo un 0.1 por ciento de su PIB a los países pobres del planeta. Alemania y Japón proporcionan cada uno un 0,27 por ciento, Francia 0,33 por ciento, Suiza 0,34 por ciento, los 5 están entre los más ricos de la tierra.

A la vanguardia están pequeños países como Dinamarca que donan de su PIB 1.06 por ciento y Holanda 0.82 por ciento. Los países de la Unión Europea quieren hasta el 2006 elevarla al 0.39 por ciento en promedio. Con una tasa de crecimiento de este tipo, el 0.7 por ciento se alcanzaría en 30 años. Mientras tanto el abismo entre ricos y pobres se profundizará. La fortuna de los tres hombres más ricos del mundo, sobrepasa el PIB de los 43 países más pobres de la tierra.

La propuesta de Tobin ha sido renovada con otros planteamientos; como el gravar las compras y ventas de armas con un impuesto extraordinario, a todos los países sin excepción. Cuatro quintos de la venta de armas se concentran en Estados Unidos, Francia, Inglaterra. Tobin calculaba que el flagelo de la pobreza extrema se podría reducir si los movimientos especulativos de capital se pudieran gravar con sólo una tasa de 0,1por ciento. Para reducirla la pobreza extrema mundial, se necesitan cerca de US$240,000 millones de dólares. El IT permitiría recaudar en dos años, más de US$330,000 millones.

Si la propuesta del “Tobin tax” se cumpliera. Se podrían usar criterios como los que han sido propuestos. Por ejemplo que salieran beneficiados países que se caractericen por: combatir o mantener bajos niveles de corrupción, respetar los derechos humanos, conservar las reservas naturales. Países que democraticen sus economías y se reconozca la participación de las organizaciones civiles, en las decisiones trascendentes de los países. El fondo podría ser administrado por una organización mundial con la suficiente representatividad y credibilidad. Con su idea, Tobin pretendía tener un efecto equilibrador sobre los intercambios mundiales y confrontar y contener la especulación de la industria financiera mundial. Se plantea que el IT sería un estabilizador de la asimétrica globalización.

El IT debería ser válido a nivel mundial. Contra él están los bancos y los políticos liberales, quienes confían en las fuerzas sacrosantas del mercado y se oponen a la intervención reguladora de la especulación en los mercados financieros. El IT podría ser un instrumento efectivo contra los riesgos sociales y económicos, de un desregulado y desenfrenado mercado financiero internacional. Además podría ser fuente de financiamiento del desarrollo, para muchos países pobres.

A Tobin se le considera uno de los economistas de mayor reputación e influyentes del pasado siglo. Sus múltiples trabajos promovieron las actividades de investigación en las áreas de la teoría monetaria, la deuda pública, políticas de estabilización, el análisis de la balanza de pagos y el crecimiento económico. Por supuesto, también un economista brillante porque planteó alternativas a la injusticia y a los desequilibrios mundiales en términos de la riqueza y la distribución más equitativa de los avances de la ciencia y el progreso técnico.

El autor es Doctor en Economía.  

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