Edgard Rodríguez C. edgard.rodríguez.laprensani.com
Una vez preguntaron a Nomar Garcíaparra, el torpedero del Boston, qué pensaba de la famosa maldición que supuestamente Babe Ruth dejó caer sobre los Medias Rojas en 1919, mientras era transferido a los Yanquis.
“No sé de qué me habla. Yo soy de California”, dijo el paracorto.
Bueno, eso al menos fue una mejor salida que la del formidable tirador Pedro Martínez, quien ante la misma inquietud de los periodistas, no resultó tan amable hacia el embrujo que aseguran es la causa de tanto fracaso de Boston.
“Yo no creo en esas tonteras y nuestro equipo está listo para demostrar que es capaz de ganar un campeonato”, afirmó Martínez el año pasado. Lo curioso es que en su siguiente apertura, Pedro se lastimó el brazo.
Una vez que estuvo de regreso tras un largo período de rehabilitación, Pedro volvió en plan retador. Pero de nuevo, los periodistas volvieron a insistir en la maldición de Ruth, y Martínez no dejó escapar el chance para expresarse.
“Ya dije que no creo en esas cosas. Quisiera que me trajeran a Babe Ruth para meterle la bola en el trasero y que sepa que no nos arrebata la tranquilidad”, aseguró el dominicano con frases tan firmes como son todos sus disparos.
Y extrañamente, Pedro volvió a lastimarse en su siguiente salida hasta el extremo de ser puesto fuera de la temporada, mientras los Medias Rojas se hundían y la incapacidad de ganar una Serie Mundial siguió latente desde 1918.
La noche del lunes, Martínez no habló de Ruth, pero vivió una verdadera pesadilla ante Toronto, que lo atacó con 8 carreras y 7 hits en 3 entradas, en su peor juego inicial en una temporada, mientras las dudas volvían a aflorar.
Quizá más que pensar en Ruth y su maldición, lo que preocupa a los Medias Rojas es la salud de Pedro, piedra a través de la cual pretenden construir un campeonato. El pitcher asegura que se sintió bien y que es humano.
Sin embargo, muchos ojos estarán pendientes del desempeño de Martínez, quien para su antiguo mentor, Joe Kerrigan, lanza demasiado fuerte sin disponer del fondo físico adecuado para un pitcher de poder como es su caso.