- Víctima suplicó por su vida
Pedro J. Vindell MatusCorresponsal/[email protected]
El sábado a las ocho y media de la noche, la ciudad de Granada fue estremecida al ser asesinado atrozmente el ciudadano José Tomás Castillo Miranda, conocido como “Chalupa”, en su casa de habitación, donde funciona un negocio de billares, de la sucursal de la Casa Pellas media cuadra al sur.
Media hora después los agentes policiales, bajo las órdenes de los jefes de la Dirección de Investigaciones Criminales, subcomisionado Álvaro Herrera Arauz y capitán Julio Alvarado, esclarecieron el horrendo crimen y capturaron al presunto autor del mismo Roberto Najlis Medrano en la casa número 812, en la calle Guzmán, frente al templo evangélico La Luz del Mundo.
Najlis Medrano, de 42 años, al momento de su detención se encontraba en el baño de la vivienda lavando la ropa y los zapatos que llevaba puestos al momento de los hechos, cuando después de dar muerte de varias puñaladas a Castillo Miranda, intentaba limpiar la sangre que lo manchó cuando presuntamente atacaba a su víctima, que según testigos que escucharon le gritaba que lo dejara que no lo rematara.
POR FAVOR DEJAME
“Escuché que le decía, por favor Roberto dejame, no sigás, mirá como me tenés, fue cuando me vine por la pieza que ocupo en la misma casa y pegué cuatro gritos pidiendo auxilio y al volver el silencio opté por romper la puerta del patio que da a su cuarto y lo miré tendido en el piso, bañado en sangre”, declaró el señor César Augusto Alvarado Brenes.
Alvarado Brenes, relató que siempre, cuando él se va acostar por las noches al cuarto que le alquilaba el ahora occiso, éste procedía a cerrar esa puerta del patio con llave y que la noche del sábado él llegó a eso de las 7:15 y se tomó una gaseosa con don José Tomás quien se despidió de él diciéndole “buenas noches Palomino, como acostumbraba llamarme y se quedó en su pequeño cuarto viendo televisión”.
A eso de las ocho y media, según declaró el testigo ante las autoridades policiales, “escuché los gritos de don José Tomás, después de abrir la puerta principal de la vivienda a la que alguien llamó y supongo fue la persona que lo mató y a quien él le llamaba en voz alta como para llamar la atención, con el nombre de Roberto, gritando: es todo lo que tengo cogelo”, ratificó el testigo.
OTRO TESTIMONIO
“Lo miré pasar como a las ocho y media por donde tengo mi puesto de venta de periódicos, en la esquina de la Casa Pellas, caminaba tranquilo, golpeó la puerta y se metió, luego a los pocos minutos pasó un joven en una bicicleta y me dijo que alguien en esa casa gritaba pidiendo auxilio”, manifestó en su testimonio a la Policía la señora María José Buitrago Rueda.
Buitrago Rueda prosiguió declarando que ella decidió ir a asomarse para constatar qué sucedía, al momento que un hombre salió en carrera, era el mismo de complexión fuerte que había visto pasar por su puesto de periódicos y que hasta la saludó diciéndole “buenas noches” y que identificó como Roberto Najlis Medrano.
Los gritos de don César Augusto Alvarado Brenes pidiendo auxilio, los escuchó el vigilante de calle Andrés Ramón Garmendia, según dijo brevemente ante un oficial de la Policía Nacional.
LO VIERON CORRER
Otro testigo que la Policía no identificó, por ser clave en este suceso sangriento, miró cuando Najlis Medrano corría de sur a norte de la esquina del Colegio Diocesano hacia el Parque Central.
Media cuadra al sur de la esquina sur-este del Parque Central donde se edifica un hotel, en el interior del lugar fue encontrado el puñal cacha gruesa, color café, con una hoja de unas tres pulgadas y la funda del mismo a pocos metros, informó el Subcomisionado Herrera Arauz, jefe de la DIC.
Presuntamente el reo declaró que en ese lugar lo había lanzado en su huida, pegando en unas hojas de zinc que sirven como cerca de la construcción, lamentándose de lo sucedido, casi llorando, diciendo “pobre Tomás, pobre Tomás”.
Del baño donde lavaba supuestamente la ropa al momento de ser capturado por los policías, los peritos sólo sacaron un pantalón azulón con huellas hemáticas y un par de zapatos color café, también ya lavados.
En el propio lugar de los hechos hicieron fotografías y filmaron con una cámara de video, con el fin de recoger todas las evidencias.
Dos chinelas color rojo tiradas en el piso donde se encuentran dos mesas de billar, los tacos con que se juega y una silla metálica verde de igual manera, las huellas de sangre que van desde la puerta principal hasta el segundo cuarto, donde la misma quedó regada abundantemente a consecuencia de las heridas recibidas por la víctima, una de ellas en el cuello que le cortó la yugular y otra en el abdomen.
DICTAMEN MÉDICO
-El médico forense (suplente), doctor Gilberto Pérez Gutiérrez, dictaminó que la muerte del señor Castillo Miranda, de 51 años de edad, de oficio joyero y relojero, fue consecuencia de un shock hemorrágico por las múltiples heridas que recibió.
-En tanto que la esposa del presunto autor del crimen, señora Myriam Auxiliadora Garay de Najlis, su hermano y su madre del mismo nombre, se quejaron de que los policías entraron violentamente apuntando con sus armas y sin presentar orden judicial, poniendo nerviosos a los hijos del reo.
-El jefe de la DIC, subcomisionado Herrera, aclaró que en caso de asesinato atroz no es necesaria la orden judicial, por los mismos hechos se estima que puede existir peligro para los policías y dijo que no entraron en tono amenazante.
-Hasta el momento de redactar esta información se desconocían los motivos del asesinato en la humanidad del señor José Tomás Castillo Miranda. Él vivía solo en la casa donde fue muerto en forma violenta. Objetos del inmueble quedaron volteados en el piso, y a la orilla del comedor quedó el cuerpo sin vida, el televisor y un abanico de pedestal encendidos y regueros de sangre por todos lados, manchas en un pequeño biombo y en una cocina de gas.
-Don Enrique Najlis, padre del presunto victimario, dijo que su hijo era un buen sujeto, tenía tres cargos en su trabajo como funcionario del Programa Gusano Barrenador, cuatro hijos menores, tres niñas y un varoncito procreados con su esposa con quien en la década de los ochenta se fue a vivir a Canadá, regresando a Nicaragua con el triunfo electoral de doña Violeta Barrios de Chamorro.