- Este pueblo espera que el gobierno de Bolaños destine recursos a los municipios pobres
Noelia Sánchez Ricartey Tatiana Rothschuh [email protected]
Los niños y niñas de Belén son el mejor rostro de la pobreza en este municipio. Con sus caritas y cuerpos llenos de mugre, algunos con ropitas harapientas, jugueteaban posando sus pies sobre la tierra que les vio nacer. En las chocitas de muchas familias no hubo almíbar, tamales, ayote en miel, cosa de horno y las comidas tradicionales de la Semana Mayor.
La mayoría de los belenitas viven la pobreza que no conoce edades. Frente a un gran rótulo que anuncia el proyecto de agua potable en Chacalapa, ocho personas, entre ellas cuatro niños, viven en una pequeña y desvencijada casita rodeados de una hermosa cerda, gallinas y un par de perros “comecuandohay”. Ahí estaban al cuido de ellos Yáder Zúñiga Munguía, de 19 años y Juana Dominga Duarte, de 18.
Esta pareja “posa” en la humilde vivienda de una tía de Yáder, quien trabaja para mantener a su compañera e hijo, cavando pozos; se gana 60 córdobas, justos para comer arroz y frijoles y de vez en cuando “el ajuste”.
Aquí no hay agua y tienen que obtener el vital líquido de unos pozos que se encuentran lejanos de donde viven.
Ni Yáder ni Juana sienten temor de decir que “vivimos como podemos” y consideran que aunque hay trabajo (duro y poco remunerado) “lo tenemos que estimar porque no hay otro”, manifestó Yáder.
RENUEVAN FE Y ESPERANZAS
El amor y la fe hacia Jesús se renuevan cada Semana Santa en el pequeño pueblito de Rivas llamado Belén, de 23 mil habitantes, que coincidentemente lleva el mismo nombre del lugar donde nació el hijo de Dios. En esta temporada también toma fuerza la esperanza de sus pobladores que urgen de un cambio de vida y una mayor atención del Gobierno Central.
La situación de muchas comunidades sigue siendo difícil y de miseria, aún cuando se dice que las cosas han cambiado en nuestro país y que las obras de progreso han llegado hasta las comunidades más pobres, la realidad aquí es distinta.
SAN JOSÉ DE LA MONTAÑA
La comunidad de San José de la Montaña, ubicada a unos cuatro kilómetros de Belén, es el mejor ejemplo de la marginación y el abandono.
En “La Montaña”, a como le llaman sus habitantes, hay tierras benditas puesto que es posible sacar “de todo” durante el año, pero la falta de caminos adecuados para sacar esta producción, la ausencia del servicio eléctrico, de agua, atención médica e incluso la deficiencia en la educación ha obligado a muchos habitantes de San José a buscar el centro del municipio por nuevas alternativas de vida.
Las familias provenientes de “La Montaña”, han dado vida a un “barrio nuevo”, aunque en el día todavía visitan la comunidad para estar pendientes de las cosechas.
Don Gonzalo Ruiz Cruz y doña Hilda Zúñiga Guzmán, se vinieron de “La Montaña” hace aproximadamente un año, luego de vivir por espacio de unos cuarenta en ese lugar.
El señor Ruiz refiere que a pesar de que la distancia es más corta por Belén, sólo es posible llegar a “La Montaña” en bestia o caminando por unas dos horas.
Aquí producen guineos, “los sacamos casi todo el tiempo” (en todo el año), dice don Gonzalo, pero comentó que el hecho de que no haya un buen camino es esta zona ha obligado a los pequeños productores a sacar su producción en carreta por el lado de Tola, sólo que cuando bajan a ofertar su producto, pagan un menor precio por el mismo.
Primero sacan el producto en carretas hasta Nancimí (en Tola) y luego es trasladado en camiones hacia la capital, al Mercado Oriental. Además de guineo aquí producen maíz, arroz, trigo, entre otros.
La situación aquí es calificada de “crítica”, pues “vivimos apartados y sin comunicación”, dice don Gonzalo.
Los señores Ruiz y Zúñiga conocen que en el gobierno del doctor Alemán hubo una promesa que a esta alturas hubiese cambiado el rumbo de vida de estos pobladores: la construcción de unos cuatro y medio kilómetros de carretera para conectar a San José de la Montaña con la ciudad (Belén). Todavía están a la espera.