- En medio del sofocante calor de
verano, don Juan Castellón, su
ayudante y una decena más de
labriegos, ayudados con un bordón de madera unos y con un azadón otros, van fertilizando y limpiando las primeras plantitas de ayotes,
pipianes y melones que nacen en la extensa playa de lo que hasta hace dos años era el fondo del lago que se forma en el kilómetro 68 de la Carretera Panamericana y que todos conocen como Las Playitas
Orlando Valenzuela [email protected]
Esta laguna, de 0.44 kilómetros cuadrados de superficie, es el principal lugar de trabajo para las 33 familias que viven en sus alrededores y que cada año usan sus playas para sembrar hortalizas y frutas, que una vez cosechadas, venden en los mercados capitalinos.
De todas las lagunas, ésta es quizás una de las más conocidas de toda Nicaragua, ya que por su privilegiada posición, está a la vista de todo el que viaja del norte a la capital y del sur del país a Matagalpa, Jinotega, Estelí, Madriz y Nueva Segovia.
Las Playitas, no sólo representan la tierra plana, fértil y con abundancia de agua para el cultivo de los pobladores vecinos, sino también un área de refugio y hábitat natural para miles de aves acuáticas nativas y migratorias, como patos, garzas, pelícanos, piches, gallitos de playa, perritos de agua y peces, como el guapote y la mojarra.
Sin embargo, una laguna con abundante agua no es para los productores la mejor noticia, pues como dice don Juan, aún resienten los efectos del huracán Mitch, que a su paso provocó la llena total de su cuenca, dejando por dos años a toda la comunidad sin tierra para sembrar. Lo ideal para los productores, es que la laguna se seque totalmente, para así ellos “ganar” más terreno para sembrar sus frutas y hortalizas.
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