- En 1638 se levantó el primer templo que tuvo la Villa de Managua: el de Veracruz. Ocupaba el terreno donde ahora se levanta el Obelisco del Siglo, en el Parque Darío, allí se veneraba al Señor de los Milagros y después a la Sangre de Cristo.
Mario Fulvio Espinosa [email protected]
PRIMERA DE DOS PARTES
Lo que vamos a contar sucedió durante una calurosa mañana del año 1640 en la Villa de Managua, cuando el campesino Ramón Dávila, de aproximadamente 65 años de edad, se ocupaba de rozar su solar para prepararlo para la siembra.
Entregado estaba a su trabajo, cuando su machete golpeó un objeto y lo lanzó a unos metros de distancia, creyó al principio el buen hombre que se trataba de un pedazo de raíz, pero curioso fue a levantar aquel fragmento descubriendo que era una imagen pequeñita de San Antonio de Padua.
El hallazgo levantó gran alborozo entre los habitantes de la ciudad, a tal grado que el cura, presbítero José Maria Bonilla, llamó a un cabildo abierto para invitar a los fieles a construir un templo para el pequeño hallazgo.
En la historia escrita por el padre Heliodoro Cuadra, se consigna que todos aportaron algo y que en la argamasa para el frontispicio se emplearon tapas de dulce y claras de huevos.
El templo, pues, fue construido en año y medio y ya para 1672 quedó establecida la devoción al santito, al que debía rezarle todos los martes su responsorio. Hasta 1906 el responsorio era cantado a capella por las virtuosas matronas Nicasia García (Mama Cacha) y Nazaria Estrada.
LAS SAUDADES DEL DOCTOR ARMANDO ARCE PAIZ
Sobre la Iglesia de San Antonio y su vecindario nos habló maravillas el doctor Armando José Arce Paiz, quien vino al mundo en ese barrio el 25 de diciembre de 1921.
“Nací frente a la Iglesia de San Antonio donde mi papá, el doctor José Luis Arce Fonseca, casado con doña Aurora Paiz Avilés, tenía su clínica médica. En ese tiempo no existía el parque y en su lugar había un terreno baldío que hacía las veces de plaza, aunque muy pequeña”, explica nuestro interlocutor.
“Si San Antonio le dio su nombre al viejo barrio, una imagen de Cristo Crucificado conocida como La Sangre de Cristo, vino a darle fama y notoriedad. Se dice que fue traída de Guatemala en 1638 y que pasó a venerarse en la Iglesia de Veracruz, posteriormente fue trasladada al templo de San Miguel y de ahí a San Antonio”.
Afirma el doctor Arce Paiz que la parroquia era de paredes gruesas con el frontis mirando hacia el Lago. Estaba construida sobre una lomita o meseta y debido a eso, para llegar al atrio por la parte frontal o norte se tenían que subir como diez gradas, y más o menos doce para hacerlo por el lado oeste, por el poniente el atrio estaba casi a ras de la calle.
Al fondo, por el este, estaba la capilla de la Sangre de Cristo y en la esquina noroeste del atrio se levantaba el campanario construido de madera, el campanero subía por una escalera adicional para tocar las dos campanas que poseía la Iglesia. “En la parte trasera del templo estaba la Sacristía que hacía las veces de casa cural, allí se guardaban los registros de los niños bautizados y confirmados”, recordó.
CAPELLANÍAS Y COFRADÍAS
– ¿Había tumbas en ese templo, usted recuerda nombres de esos privilegiados difuntos?
– No sólo en el templo existieron tumbas, sino que recuerdo que al hacer las excavaciones para construir el parque se encontraron cadáveres casi a flor de tierra, y se comentó que podrían haber sido soldados, liberales o conservadores difuntos, que fueron lanzados a fosas comunes durante las guerras fraticidas que abundaron a principios del siglo.
Dentro del templo, en cumplimiento de capellanías o por meritos propios, yacían en reposo, el padre Saturnino López, más conocido como el padre Tunino o Tuno; el notable predicador Félix Saravia; doña Mercedes Barrios viuda de Zavala, llamada por sus bondades “Sor Caridad”, y el doctor Telémaco Castillo.
Hasta 1937 —año de su muerte—, el párroco de San Antonio fue el sacerdote franciscano Luis de Villafranca, un hombre de regular estatura, blanco, barbuchín, nariz aguileña, ojos grises que miraban a través de lentes.
Vivía este cura en la Iglesia de San Sebastián donde tenía su residencia la Orden Capuchina a la cual pertenecía. Muy de mañana llegaba a San Antonio a oficiar la misa, a mediodía volvía a almorzar a su casa matriz, regresaba a las dos de la tarde a su Iglesia y entre seis o siete de la noche se largaba a dormir a la residencia.
– ¿Quiénes eran los vecinos de San Antonio antes del terremoto de 1931?
– Fue un barrio de notables, frente a la Iglesia vivían doña Petronila Silva de Fonseca, mi bisabuela, a la que llamaban Mamá Nila; el médico Alejandro Espinoza, el doctor Modesto Emilio Barrios y doña Rosemilia Olivares, padres del doctor Raúl Barrios Olivares.
También eran de ese sector el doctor David Castrillo, director y editor del diario “El Comercio”; el doctor Emilio Pallais, el doctor José Medal, hermano del pianista Arturo José Medal egresado de la Scala de Milán; el profesor Ignacio Fonseca que fue director de la Escuela Normal de Varones, el doctor Carlos Cuadra, don Jonás Álvarez, el doctor David Sthadtagen, el doctor Francisco Baltodano y don José María Paiz, mi abuelo, descendiente del general Ignacio Paiz (General Pellota).
Hacia la esquina de arriba de la Iglesia estaba la comidería y pulpería de “La Panchota”, y al voltear la esquina la escuelita de párvulos de Las Osorito, también de ese sector era la familia del doctor Arnoldo Alemán Sandoval, los Borge, la familia de don Cástulo Hernández, dueño de una conocida barbería, los ingenieros Armando Hernández Aburto y Rolando, su hermano.
Frente a la Iglesia, al lado de abajo, estaban, la Chichería París, el Colegio Divina Pastora, el abogado Heliodoro Moreira, el escritor Octavio Rivas Ortiz que escribía con el seudónimo ORO, el doctor Andrés Zúniga Castillo, don Edmundo Castillo el famoso “Papamón”, los Ramírez y los Jacoby.
Al frente de esta calle estaba la casa de doña Victoria Chamberlain de Cuadra (Mama Toya), madre de don Raúl y Vicente Cuadra Chamberlain, don Abraham Narváez Fortis, casado en segundas nupcias con doña Soledad Paiz Avilés; la Relojería Borge, el consultorio médico del doctor Dagoberto Zeledón, el doctor Gerardo Peralta, el doctor Marcelino Delgado, mi profesor en la Universidad Central; la Óptica Santa Lucía del doctor Correa, el abogado Antonio Cerna, el laboratorio de Luis Castillo al que cariñosamente le decían “El Trompudo”.
– ¿Más allá del sector de la Iglesia, quiénes conformaban el Barrio San Antonio?
– Frente al Cine Victoria quedaba la Farmacia de Tránsito Escobar, esquina opuesta al Cine América estaba la Farmacia Urroz y el Salón Cervecero de don Luis Muñoz, cerca de allí estaba la casa de doña Amalia Delgadillo de Solórzano quien murió con su nietecita en el terremoto de 1972.
Punto de referencia era la Panadería La Rosa Blanca de doña Rosa Murillo, vecina de su hermana Rosario Murillo, casada con Rubén Darío y hermana del general Andrés Murillo.
La familia de los doctores René y Gustavo Adolfo Vargas López, los músicos Luis y Tomás Urroz. En el área central del barrio estaba la imprenta de “La Nueva Prensa” de Gabry Rivas y “Flecha” de don Hernán Robleto.
LA UNIVERSIDAD CENTRAL Y EL MAESTRO GABRIEL
Eran del barrio, el Salón Cervecero Rigo, la sastrería del maestro Humberto Guardado, los Mejores Trajes Gómez, y en el Callejón de La Aurora, a partir de 1961; el Instituto Maestro Gabriel, fundado por los educadores, René Schick, Pedro J. Quintanilla, Ulises Fonseca, Francisco López Collado, Nassere Habed López y Fidel Coloma González.
En la década de los cuarenta, detrás del templo, se instaló el Juzgado Segundo Civil de Distrito, siendo juez el doctor Ramiro Sacasa Guerrero. En la misma cuadra estaba la carpintería de don Francisco Grijalva y la casa de don Efrén Saballos, casado con la doctora Olga Núñez Abaunza, a poca distancia estaba la Universidad Central inaugurada en 1941.
– ¿Hubo personajes humildes y populares en el Barrio de San Antonio?
– Claro que sí, entre los más populares estaba Santirilo al que llamaban “Manito de Punche”, también figuraba la Matilde “Cocoroca”, Chon Chinga, “Peyeyeque”, “Papa Chepe”, Agustín Duarte, alias “Tata Tin” que era cochero, carpintero, albañil, chofer, niñero, y que por eso le decían “Llave Universal”.
El barrio gozaba de gran actividad social, en él estaba “El Club de los Once”, que se ubicaba media cuadra al norte del parque, también estaba la cantina “El Mango” y el Club Social de Obreros. En la vecindad del Cine América vivía don Alfredo Castillo, jefe político de Managua al que le decían “Lapa”, y que además fue dueño de la cantina “La Gran Jugada”; también las familias de don Manuel Villavicencio y doña Luz, don Juan Manuel Morales, fundador de la Unión Deportiva América y los sacerdotes Edgard Zúñiga y Pedro K. Siero.
La Iglesia y muchas viviendas sucumbieron en el terremoto de 1931 pero los toñeños tercos volvieron a edificar ahí mismo sus viviendas. Otro terremoto, el de 1972, arrasó el templo y el barrio.
El barrio resurgió en la modalidad de casas multifamiliares. El templo está esperando su reconstrucción.