Muchas son las aventuras que le ha tocado vivir a don Diego Manuel López en su vida de pescador.

Un pescador de visiones

Orlando [email protected] Sentado en el borde de su bote de remos, don Diego Manuel López, de 66 años, es todo un veterano marinero de agua dulce, que con resignación ve como el lago va perdiendo parte del tesoro que por años lo ha hecho famoso. “Nosotros pasamos de la comida que tiene el lago, toda […]

Orlando [email protected]

Sentado en el borde de su bote de remos, don Diego Manuel López, de 66 años, es todo un veterano marinero de agua dulce, que con resignación ve como el lago va perdiendo parte del tesoro que por años lo ha hecho famoso.

“Nosotros pasamos de la comida que tiene el lago, toda la comunidad de Los Cedros, Madroño, Calabaza, Sébaco y Puertas Viejas, porque aquí no hay trabajo, por eso todos los días, más de doscientas familias que se dedican a la pesca, vienen a la laguna con sus anzuelos a buscar cómo llevar algo para comer, pero también vienen de Darío y hasta de Matagalpa”, indicó don Diego.

Don Diego recuerda que hace más de treinta años, cuando él llegó a este valle, la pesca era mejor y la vida era tranquila, pero también dice que le tocó vivir algunas experiencias que nunca olvida, como aquella vez que con sus propios ojos miró de cerca a Gerardo, un pescador que días antes había muerto ahogado en la laguna.

“Hace 25 años, andaba pescando con un amigo en el bote y de repente vimos al difunto Gerardo, estaba parado, con al agua a la cintura y empezamos a seguirlo, pero nunca lo alcanzamos, por último se perdió, nosotros lo reconocimos y quedamos satisfechos que era él, pero cuando quisimos regresar, el bote no pasaba del mismo lugar y nos entró un poco de miedo”. Eso fue hace mucho tiempo, y desde entonces, don Diego no ha vuelto a sentir nada parecido hasta la fecha.

La tarde cae sobre la laguna, y el rojizo sol le da al manto plateado de la laguna un ambiente bucólico y misterioso a la vez, propio para aventurarse a conocer sus secretos, como lo hacen todos los días los pescadores que viven de sus deliciosos frutos.

Pero una amenaza está latente para la vida pacífica que viven sus pobladores y sobre todo las distintas especies de animales, ya que últimamente grupos de tiradores extranjeros están llegando a exterminar la fauna acuática, y lo peor es que al parecer lo hacen con autorización de algunas autoridades, pues según los pobladores, llegan en vehículos de empresas turísticas nacionales.

Ojalá que esto no sea el principio del fin de este paraíso llamado Laguna de Moyuá.  

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