La faena inicia desde muy temprano debido a la gran demanda.

Disputa por la excelencia

Mercedes PeraltaCorresponsal/Leó[email protected] Existe entre Nagarote y La Paz Centro una duda sobre la cuna del quesillo; ambos pueblos se la disputan, pero Nagarote es conocida como “la ciudad del quesillo”. Lo cierto es que en ambas se encuentran centros de expendios con productos de calidad que le dan fama a sus nombres. “Acacia” es un […]

Mercedes PeraltaCorresponsal/Leó[email protected]

Existe entre Nagarote y La Paz Centro una duda sobre la cuna del quesillo; ambos pueblos se la disputan, pero Nagarote es conocida como “la ciudad del quesillo”. Lo cierto es que en ambas se encuentran centros de expendios con productos de calidad que le dan fama a sus nombres.

“Acacia” es un negocio de referencia, próximo a la entrada de la ciudad de Nagarote y “El Güiligüiste”, a la orilla de La Paz Centro. Sus propietarias tienen una historia común que contar.

Juana Dalila (Lila) Lara Mercado (55 años), propietaria de “Quesillos Acacia”, comenzó su negocio en La Paz Centro hace 38 años, a la orilla de la carretera, bajo un árbol de güiligüiste que le daba un poco de sombra. Su marido trabajaba con el alcalde de ese municipio y ella debió trasladarse para acompañarlo.

“Era la única vendedora a la orilla de la carretera. Los vendía sencillos, con gaseosa, pero después decidí acompañarlos de tiste y a la gente le gustó. Se me ocurrió hacer la cebollita y ponerles crema. Así me fui levantando”, recuerda.

Hace 26 años doña Lila regresó a Nagarote y vendió el negocio Güiligüiste a doña Olivia de Ocampo, que mantuvo el nombre del establecimiento y con el tiempo fue en ascenso la fama.

En el kilómetro 41, en Nagarote, doña Lila levantó un ranchito a la orilla de una acacia que sembró, y a su nuevo negocio lo llamó “Quesillos Acacia”.

Desde entonces se ha convertido en uno de los puntos de atracción para quienes viajando entre Managua y León, no resisten la tentación y detienen la marcha para saborear un quesillo en trenza o redondo.

PROCESO SENCILLO, PERO…

Para doña Lila, la faena inicia a la cuatro de la mañana, con la limpieza, ordenamiento y producción de tortillas. A las seis de la mañana abre el negocio.

El promedio diario es de seis tinas de leche de 35 litros cada una, que convierten en cuajada con dos pastillas de cuajo “Marshall” por tina, con agua hervida y fría, que le vierten poco a poco.

La cuajada está lista en 45 minutos, la quiebran y la van revolviendo o “pringando” con el agua, “para que estire y encoja”. El proceso de elaboración inicia a la una de la tarde y a las cinco de la mañana del día siguiente el producto está listo para la venta, según explicó la señora.  

Economía

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí