Francisco A. Palacio*
Conjurar la maldición salarial que ha perseguido implacablemente a los maestros durante las últimas dos décadas, es una de las prioridades que debe incluir en su agenda el nuevo Ministro de Educación, Dr. Silvio de Franco.
Esta tarea es harto compleja si se consideran, por una parte, los antecedentes inmediatos que preceden a la gestión del Dr. De Franco como son: Los siete años de brutal congelamiento de los salarios decretados por la Administración Chamorro y los irrisorios incrementos salariales obtenidos por los maestros durante los primeros cuatro años de la administración Alemán. Por otro lado, está también la promesa electoral del ing. Bolaños de incrementar un 10% por encima de la tasa de inflación anual el salario de los maestros, incremento que es a todas luces insuficiente para redimir en el próximo quinquenio al magisterio nacional de la mayor postración económica de su historia.
El problema salarial de los maestros tiene profundas raíces económicas y morales. Paradójicamente, en la década de los setenta, en las postrimerías del régimen de los Somoza, gobierno que ha sido calificado como uno de los más corruptos de nuestra historia, cuando Nicaragua exportaba alrededor de mil millones de dólares y contaba con una población de millón y medio de habitantes, el salario promedio de los maestros de primaria y secundaria representaba el 17% del salario correspondiente a un ministro. Actualmente cuando exportamos menos de esa cantidad y la población nicaragüense sobrepasa los cuatro millones de habitantes, este salario promedio representa aproximadamente el 1% del salario promedio de los ministros.
Los maestros seguirán condenados a estos salarios de sobrevivencia, al menos que en los próximos cinco años el nuevo gobierno elimine efectivamente los megasalarios y otros emolumentos que perciben los altos funcionarios del Poder Ejecutivo, para utilizar gran parte de los recursos provenientes de esta medida de austeridad, en elevar los salarios actuales de los maestros, al menos, a los niveles que éstos habían alcanzado a finales de la década de los setenta.
La propuesta del Ing. Enrique Bolaños, podría ser una solución a la crisis salarial de los maestros y gozaría de la total aceptación del Magisterio Nacional, si fuera acompañada de una Reforma a la Ley No. 114 “Ley de Carrera Docente” que derogue las costosas e inconstitucionales Comisiones de Carrera Docente y les permita a los maestros mejorar su salario por la vía del escalafón. Es inadmisible que en virtud de las disposiciones de esta Ley, a los maestros se les pague la antigüedad con un criterio totalmente divorciado del salario básico (diez córdobas por cada año de servicio). Esta reforma también beneficiaría a los maestros de las zonas rurales quienes podrían incrementar hasta en un 100% de su salario básico el pago de su zonaje.
El interés del futuro presidente en consultar a la sociedad civil nicaragüense sobre el ordenamiento salarial que debe regir a la alta burocracia estatal, debería también abarcar los salarios del gremio magisterial, como una muestra de que el nuevo gobierno está realmente decidido a reivindicar a este importante sector de los trabajadores del país.
*El autor es secretario general del Sindicato de Trabajadores MECD
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