Universidad y subordinación

Hugo F. Castillo R.*

Ante las pretensiones del presidente electo de terminar con la corrupción y el nepotismo, habrá que ver si ha considerado una política de transformación de los valores y las instituciones que son obstáculos para sus sanas pretensiones.

Al pretender ubicarse en este contexto es importante realizar serias y definidas reformas del sistema educativo. Los cambios podrán influir de forma directa en los valores, incorporando aquellos a los que los educandos se muestren atraídos, para lo cual habrá que pensar además en cambios en la estructura del empleo, aumentando el número de personas capacitadas para las diversas profesiones que se requieren y que algunas de ellas se están sirviendo en nuestro sistema de educación superior. También se tendrá que pensar en aumentar el estatus que corresponde a estos empleos, que tendrá que ser coherente con las exigencias de nuestra economía subdesarrollada y altamente dependiente en franca contradicción con nuestras aspiraciones de construir una sociedad nacional.

No podemos negar que ciertas relaciones de dependencia son un producto necesario y hasta natural a la interdependencia estructural que caracteriza a los países en el interior del sistema capitalista mundial.

Pero tampoco podemos negar que estas relaciones de interdependencia, no siempre tienen que producir relaciones de sumisión de un país a otro, sino que tiene que respetarse la preservación de una autonomía en las decisiones económicas, sociales y políticas. Hago énfasis en este aspecto, casi con la seguridad de que estas relaciones de dependencia, afectarán la capacidad de decisión del gobernante en una Nicaragua subordinada.

La disputa por el poder en Nicaragua no ha demostrado una franca aceptación del juego democrático, ya que éste siempre se ve supeditado a que los instrumentos de mando y decisión sobre las directivas económicas y políticas tanto externas como internas, no estén disputadas por las clases o sectores asalariados del país, si esto sucediera aflorarían las amenazas de limitaciones y restricciones con expectativas de un mayor caos.

¿Cuál es la posición de los futuros dirigentes de las principales políticas que regirán los destinos del país en los próximos años? La concepción que tengamos acerca de ello influirá en el número de personas competentes disponibles para las tareas de dirección del desarrollo económico. Si valoramos en mucho los empleos relacionados con las bases tradicionales del estatus social, como la tierra, las funciones intelectuales humanísticas y las profesiones liberales, vamos a tender a encauzar a las personas más capacitadas hacia ocupaciones que no contribuirán en nada o en muy poco al desarrollo requerido por el país. Si tomamos en cuenta que existe en el país una gran masa de empresarios muy prósperos, pero de un origen social muy bajo, y que asisten a nuestras universidades motivados fundamentalmente, a encontrar en este medio una forma de ingresar a las profesiones intelectuales, a la política; este comportamiento hará que indefectiblemente disminuya el número de personas capaces y lo que podríamos llamar, la masa de capitales disponibles para el desarrollo de actividades empresariales.

Hay que analizar muy al detalle el sistema de valores inherentes a las estructuras actuales de nuestras universidades, donde se hace imperativo desarrollar los valores auténticos de lo que es la enseñanza superior, abolir todo lo que no conlleve al espíritu de realización, al universalismo, como elementos básicos, generadores de condiciones necesarias para la auténtica capacidad creadora en el plano académico e intelectual.

Habrá que determinar por la vía de hecho si la gran cantidad de universidades existentes en nuestro país dan la importancia requerida a esos valores y si están dando cabida a esos objetivos o están dando cabida a interferencias exteriores en la libertad académica, las hay que probablemente no den cabida a esos valores. Los vínculos con la política, con la religión y con las ideologías, obstaculizan la investigación, la publicación de ideas sobre todo si éstas están opuestas a los grupos de los cuales ellos o las mismas universidades forman parte, el mismo temor a verse interpretados como afines a una ideología en particular les inhibe el universalismo requerido en este nivel educativo.

Evidentemente no existe una relación sencilla entre los valores propios de una ciencia moderna y la forma en que nuestras universidades, sobre todo las de nuevo cuño, que funcionan en nuestro país. Dada las relaciones de parentesco existentes y los rasgos culturales que debilitan cualquier pretensión de terminar con lo adscriptivo y particularista, es necesario elaborar normas universalistas y competitivas que garanticen el ascenso de los más capaces a los puestos de dirección, e implementar una política de ascensos y de aumentos saláriales.

* El autor es sociólogo.
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Editorial
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