Concertación sólo sobre normas básicas

Martín Krause*

BUENOS AIRES, (AIPE).- La situación argentina es tan compleja que ya resulta vano definirla como una crisis política o económica. Es todo eso y bastante más.

No es de extrañar, entonces, que surjan propuestas para “concertar”, para llegar a “acuerdos nacionales” y se propone que los mismos definan lo que se ha dado en llamar el “perfil” de país que los argentinos queremos. En estos días se reúnen los industriales que quieren una economía cerrada, con los sindicalistas que quieren un mercado laboral cerrado, con los banqueros que quieren cobrar sus bonos públicos y otros grupos organizados en lo que es un claro modelo “corporativo”, donde los que discuten son los “sectores” supuestamente representativos de la actividad económica.

Y tratan de ponerse de acuerdo sobre ese “perfil”. Claro, la idea de buscar un perfil determinado recuerda una anécdota de George Bernard Shaw. Cuando le preguntaron qué pensaban los ingleses sobre un cierto tema, su respuesta fue: “No sé, no los conozco a todos”. Es que este tipo de negociaciones es prácticamente imposible que resulte exitoso porque los “perfiles” son claramente incompatibles entre sí.

Los industriales quieren aranceles altos, incluso para la maquinaria agrícola y otros insumos; pero los productores agropecuarios quieren lo contrario y argumentan en su favor que son quienes proveen las divisas. Los sindicalistas quieren ciertas normas laborales que tornarían poco competitiva la producción local y los productores quieren bajas tasas de interés, pero los banqueros saben que si el gobierno pone un techo a las mismas perderán los depósitos y se restringe la oferta de crédito.

Claro que por tal camino no se llega a ninguna parte y las sucesivas “concertaciones” han venido fracasando en la Argentina desde hace años. La única concertación que tiene posibilidades de éxito es aquélla que no trata de definir un “perfil” determinado sino la que permite a cada uno definir su propio perfil. Como sugiere la cita de Shaw, no hay tal cosa como un perfil, sino millones de ellos. Sólo podemos ponernos de acuerdo acerca de ciertas normas básicas y elementales y éstas no pueden ser otras que las de acordar que vamos a respetar nuestros mutuos derechos, que ninguno de nosotros va a utilizar la fuerza para obtener recursos que son de otros.

Ésta es la única forma de convivir en paz. Y cuando digo que no se va a utilizar la fuerza para obtener recursos que son de otros no me refiero solamente al robo o al hurto, sino también al empleo del aparato de coerción, al estado, para lograr tal propósito. Cuando un determinado sector trata de obtener una ventaja no ya convenciendo a los demás de que tiene algo útil para ofrecer sino utilizando el poder público, entonces la convivencia, la concertación ni el acuerdo son posibles. Se comienza una carrera en la cual uno obtiene un privilegio y luego otros buscan los propios. Al final, todos estaremos peor.

Ese acuerdo básico suele plasmarse en una constitución, pero como muestra el caso argentino, ello puede ser una condición necesaria pero no es suficiente. La mejor constitución fracasa si la sociedad no comparte los valores que están implícitos en ella.

Si hay que concertar algo, pues ya fue concertado, la Argentina tiene una constitución. Cuando uno ve a diferentes sectores tratar de “concertar” entre sí, y sobre todo cuando se ve que dicha concertación es promovida por el mismo gobierno, entonces muy probablemente se está concertando en contra los ciudadanos.

* Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.
aipenet.com  

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