Migdonio Blandón*
A Dios gracias, se puede tener la seguridad absoluta de que cumpliendo con lo que nos corresponde para consolidar el trato que parte del pueblo hizo con don Enrique, durante la campaña electoral que lo llevará a asumir la Presidencia de la República —y mediante el pleno conocimiento de su larga trayectoria de hombre de bien—, además del propio beneficio estaremos contribuyendo también al beneficio del pueblo, ganando así en todo concepto.
En la crítica situación nacional y mundial por la que atravesamos, y siempre, don Enrique, ya electo como el idóneo administrador del Estado, aún con toda su valía, él solo no podría cumplir los tratos ofrecidos. Todo trato es como el matrimonio, que no funciona de forma unilateral. El compromiso es y debe ser recíproco. Es cierto que en la cabeza dirigente está la mayor responsabilidad, pero ésta debe compartirse en derechos y deberes bien definidos.
En tal definición debidamente expresada en la Carta Magna, que aunque como nada de lo humano es perfecto, están codificadas las leyes que debieran regirnos a todos por igual, siendo ellas el rasero de la equitativa justicia; y don Enrique ha prometido, que en su gobierno en definitiva nadie estará por encima o fuera del marco de las leyes. Esto, tampoco solo podría hacerlo. Mas, si hay colaboración habrá un eficiente Estado de Derecho.
Si la mayoría ciudadana con cívica madurez lo llevó al merecido triunfo en los pasados comicios, de la misma forma sigue dando su apoyo a la restauración de nuestra sufrida patria, tratando entusiasta de contribuir a cabalidad a lo que como sus hijos le debemos, y decididos colaboramos desde nuestra propia ubicación en el rescate de valores éticos, morales, y sobre todo cristianos, pronto la elevaremos al digno sitial que se merece.
Vale la pena, de veras, hacer nuestra la célebre frase de J.F. Kennedy: “No pienses qué es lo que tu país puede hacer por ti, sino qué es lo que tú puedes hacer por tu país”. Con este concepto, poniéndolo en práctica, al mismo tiempo que nos haría superarnos de manera integral, estaríamos contribuyendo al pleno desarrollo de la patria en general. Es degradante y lamentable querer vivir a expensas de ella disfrutando inmerecidos beneficios.
Además de los bien conocidos valores de nuestro Presidente electo, a quien me place felicitar, hago extensiva mi felicitación al pueblo entero de Nicaragua, teniendo la indiscutible certeza de que a pesar de haber sido el candidato de un partido, con su tradicional e implícita entereza presidirá el gobierno que enarbolando nuestra bandera azul y blanco cobijará con ella a nicaragüenses, extranjeros y visitantes sin preferencias politiqueras.
Vale la pena también reconocer de manera especial el avance cívico de casi la generalidad de nuestro pueblo, incluyendo a las fuerzas castrenses, teniéndose aún que lamentar brotes de incomprensión y violencia en pequeños grupos de fanáticos, los que debemos tener fe en que no han de ser todos irredentos, ya que algunos podrían cambiar sus actitudes viendo el ejemplo que la mayoría del pueblo les dé. Que por la Gracia de Dios, nuestra querida Patria sea ejemplo en el mundo para el milenio que comenzamos.
* El autor es miembro de Eduquemos
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