Cumplir o “morir en el intento”

Uno de los principales énfasis de don Enrique Bolaños durante su campaña electoral fue la reestructuración del Poder Judicial, que como es bien sabido está desvirtuado y envilecido por el pactismo bipartidista. Y si alguien lo ha olvidado, basta recordar los juicios por los fraudes bancarios y “los checazos”, así como la forma en que se ha conducido el proceso Zoilamérica versus Daniel Ortega.

“Dame tu apoyo para que el nombramiento de los Jueces y de los Magistrados de los Tribunales de Apelación, sea producto de una carrera judicial, para que cada servidor judicial sea profesional, y garantice a la sociedad nicaragüense, la seguridad jurídica que demandamos para poder llegar a vivir con dignidad”, exclamó don Enrique Bolaños el 3 de junio de este año, cuando anunció lo que quería hacer en el gobierno. Y agregó: “Comencemos sembrando la semilla para que, con el tiempo, germine una justicia imparcial e independiente. Juntos podremos nombrar a mujeres y hombres probos, con demostrada trayectoria y compromiso por la construcción de un Estado de Derecho, con voluntad inequívoca de respeto al sumo imperio de la Ley y de los Derechos Humanos…”

Pues bien, la mayoría de los nicaragüenses apoyó a don Enrique y ahora le corresponde a él comenzar a cumplir sus promesas y compromisos.

Estamos claros de que la reestructuración del Poder Judicial sólo es posible mediante una reforma constitucional, parcial o total, lo que se ve sumamente difícil —por no decir imposible—, porque la Asamblea Nacional es la que designa a los magistrados de la Corte, que a su vez nombran a los magistrados de los tribunales de apelaciones y los jueces; y porque, además, la próxima Asamblea Nacional también estará dominada absolutamente por los partidos prebendarios PLC y FSLN, que pactaron en 1999 precisamente para repartirse el Estado como un botín —incluyendo los cargos en el Poder Judicial—, y lo más probable es que no querrán aflojarlos para hacer realidad el ideal de justicia y derecho de la gran mayoría de los nicaragüenses, que fue recogido y planteado en su campaña electoral por el ahora presidente electo, don Enrique Bolaños.

Sin embargo, lo que no es posible lograr de una sola vez se podría alcanzar de manera gradual, comenzando por sembrar una semilla que con el tiempo germine en una justicia imparcial e independiente, como lo dijo el mismo don Enrique el 3 de junio pasado. Y el próximo presidente de Nicaragua tendrá la oportunidad de sembrar esa simiente, en julio del año entrante, cuando se tenga que reemplazar a 5 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a los que se les vence el período para el que fueron nombrados.

Es cierto que la designación de esos magistrados corresponderá a la Asamblea Nacional libero-sandinista, pero de acuerdo con el artículo 138 de la Constitución, el Presidente de la República puede presentar sus propios candidatos, de manera que don Enrique podrá proponer a “mujeres y hombres probos, con demostrada trayectoria y compromiso por la construcción de un Estado de Derecho, con voluntad inequívoca de respeto al sumo imperio de la Ley y de los Derechos Humanos…”, de los que habló el 3 de junio pasado.

Ahora bien, don Enrique no tiene que esperar hasta el momento de la escogencia de los cinco magistrados, en julio próximo, para presentar a sus candidatos. Por el contrario, él puede y debe preparar su lista desde ahora, comenzar a cabildearla entre los diputados y promover el respaldo de la sociedad a su propuesta de esas mujeres y hombres honestos, juristas idóneos que deben ocupar las cinco magistraturas, los que integrarían de hecho un bloque independiente de magistrados que equilibraría la composición de la Corte e impulsaría el proceso de saneamiento de sus actuaciones.

No hay tiempo que perder. Entre las cúpulas del PLC y el FSLN ya se menciona nombres de los posibles próximos magistrados, y quieren designarlos según el amoral criterio de reparto bipartidista. Pero la voluntad de don Enrique y la movilización de la opinión pública podrían impedirlo, y hacer que la Asamblea nombre a magistrados independientes, probos y eficientes. Al menos habría que intentarlo, o como se dice popularmente, en sentido figurado, “morir en el empeño”.  

Editorial
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