Israel Benavides Cerros
La economía tanto en su dimensión clásica como en su versión moderna nos enseña que los recursos materiales son escasos y que precisamente el carácter limitado de los recursos y la naturaleza ilimitada de las necesidades hacen que los estudios económicos adquieran la trascendencia de hoy, si esto no fuera así no existiera la economía pues resultaría una gran tontería tratar de distribuir la abundancia en un mundo donde las necesidades son finitas.
Pero bien, me llamó muchísimo la atención un artículo publicado en LA PRENSA del lunes 3 de diciembre, denominado “La riqueza se crea”, obviamente no hay nada más cierto que eso, la riqueza no es más que el producto de la combinación de recursos humanos capital y tecnología que dan como resultado bienes tangibles e intangibles que satisfacen necesidades humanas.
El concepto de frontera de posibilidad de producción pone en evidencia que tanto las empresas como los países tienen recursos limitados y que no pueden producir todo lo que desean, esto obedece a la ley de los rendimientos decrecientes y la eficiencia marginal del capital.
Ahora si damos por un hecho verdadero que los recursos con los que se crea la riqueza son limitados, hemos de suponer que la creación de riqueza también es de carácter limitada y no ilimitada como pretende demostrar el actor del artículo en cuestión.
Ahora bien ¿es la pobreza un efecto de la falta de creación de riqueza? La respuesta obviamente es no, lo que sucede es que efectivamente el hombre ha sabido gestionar los recursos limitados creadores de riqueza, pero no ha encontrado los medios para saber distribuirla y es aquí donde los teóricos del mercado libre en términos absolutos no comprenden que si bien el mercado es una maquinaria creadora de riqueza carece de capacidad distributiva dando origen a esa brecha vulgar entre los que tienen riqueza en abundancia y aquéllos que apenas logran sobrevivir.
Es inconcebible hablar de libertad en un ambiente donde deambula el hambre y la incertidumbre para muchos seres humanos, no puede haber libertad sin justicia social debe recordar el respetado actor del artículo “La Riqueza se crea” que por mucha fe que tengamos en el mercado éste goza de múltiples imperfecciones que el estado debe corregir y encauzar la economía en aquella dirección que muestre mayor elasticidad por el lado de la oferta y de esta manera crear los empleos necesarios.
No se trata de un estado Leviatán tampoco de un mercado Leviatán, se trata de una relación dialéctica entre lo mejor que posee el mercado y las capacidades del Estado para dimensionar las estrategias de desarrollo.
Parece que los apologistas del libre mercado, muchos de los cuales han vivido en Estados Unidos mantienen un discurso inspirados en el “consenso de Washington que dice que el éxito de los países pobres está determinado por la libertad con que operan las fuerzas del mercado”, que el mercado libre terminará con la pobreza y que los países únicamente deben de producir en aquello que son competitivos.
El estimado colega y eminente economista nicaragüense Róger Cerda, señalo en artículo publicado en este mismo diario que en Estados Unidos no existiera la agricultura si el gobierno no subsidiara a los productores, y aún más hay muchas empresas que no generan ganancias pero generan externalidades, es decir, beneficios a la comunidad y ¿qué importa que den pérdidas contables, si son servicios públicos? nadie habla de privatizarlas. Pero bien nuestros ideólogos proyanquis son más papistas que el Papa.
El autor es el director de la escuela de comercio internacional y economía de la UCC.