Los Úbeda y la Virgen de Guadalupe

Augusto Zelaya Ú[email protected]

San Rafael del Norte es una preciosa y agradable ciudad, cabecera del municipio del mismo nombre, en el departamento de Jinotega.

Hasta inicios de los años cincuenta, la población de San Rafael era casi totalmente compuesta de familias muy cercanas. Úbeda, Arauz, Rodríguez, Blandón, Osegueda, Zelaya, Monzón, Rivera, Herrera, Cantarero, entre otros, eran los apellidos predominantes en el pueblo y caseríos cercanos. Eran comunes los matrimonios entre parientes cercanos, aun con los habitantes del colindante municipio de La Concordia, de igual origen que San Rafael.

En San Rafael se celebra una de las más viejas, si no la más antigua, fiesta a la Virgen Morena, o de Guadalupe. La celebración la hace la numerosa familia Úbeda.

A fines de los años veinte habitaban en San Rafael tres hermanos de apellido Úbeda: Fidel, Celestino y Cipriano. Eran gente de campo y muy trabajadores. Uno de ellos, Fidel, adquirió una propiedad al sur del pueblo a la que llamó “El Molino”, en alusión a un molino en el que se procesaba trigo que don Fidel sembraba en su misma finca, o compraba a otros agricultores. Poco a poco el capital de don Fidel fue creciendo y llegó a ser muy importante. Un día de tantos, Don Fidel cayó enfermo de gravedad, a causa de una fuerte infección intestinal. Ningún médico podía curarlo. Preocupados por el estado de Don Fidel, él y sus hermanos Celestino y Cipriano hicieron una promesa a la Virgen de Guadalupe: si don Fidel se curaba, ellos traerían una imagen de la Virgen para honrarla y venerarla. A los pocos días don Fidel comenzó a mejorar, hasta aliviarse totalmente. Los hermanos trajeron, entonces, la imagen de la Virgen. No hemos podido saber si ellos, o uno de ellos fue a México a traer la imagen, o si la trajo otra persona. La verdad es que, a partir de entonces, año tras año, don Fidel celebró y honró a la Virgen hasta su muerte. Don Fidel hizo construir una capilla en un cerrito, al lado de la casa hacienda; al cerrito y a la capilla los llamaron “Tepeyac”, al igual que el lugar donde la Virgen apareció a Juan Diego, en México.

Al morir don Fidel, trasladó a su hijo Pedro la obligación de celebrar a la Virgen. Así lo hizo por varios años. Luego, al morir Pedro, su esposa Filomena continuó la tradición. Posteriormente, el padre Odorico de Andrea, un santo para los sanrafaelinos, trasladó la fiesta sacra para Sabanagrande y, más adelante, al propio San Rafael. El Padre Santo le construyó a la Virgen su Tepeyac, en los altos cerros de Tierras Coloradas. Muere Odorico y la Virgen pasa por varias situaciones no acordes con su investidura, hasta que, finalmente, el padre Moratori, nuevo párroco, impresionado por la fe de la familia Úbeda, entroniza la Virgen en la Iglesia del pueblo. Ahí permanece para Gloria de la Santa Virgen, orgullo de San Rafael y satisfacción de la familia Úbeda. En este largo peregrinar, ha sido ejemplar el afán de Simeón Úbeda, Luz Marina Úbeda y la niña Lorenza Úbeda.

Este año, la celebración será por todo lo alto. Varios miembros de los Úbeda se han unido para celebrar a la Virgen en el antiguo Molino. Se cuenta con la anuencia de los actuales propietarios.

El diez de diciembre, por la noche se celebrará la Vela de la Virgen, con asistencia masiva, comida, rezos y los cantos que son propios de los sanrafaelinos. Por la mañana del once, a las diez de la mañana, se celebrará la Santa Misa. Luego, la imagen se trasladará a San Rafael al son de chicheros y con el acompañamiento de cientos de devotos que llegarán de las comarcas y pueblos vecinos: San Gabriel, San Marcos, Suní, Chilincoco, Las Mesas… La procesión se acompañará de bombas, cohetes y alegría desbordante.

Se escriben estas líneas sobre la historia de la Fe de los Úbeda, para Gloria de Dios y de la Santísima Virgen de Guadalupe.

El autor es profesor y miembro de la familia Úbeda.  

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