Hijalmar PadillaENVIADO ESPECIAL / GUATEMALA [email protected]
El medallista de oro nicaragüense en estos VII Juegos Centroamericanos, Milton Marvin García Rodríguez, es un atleta puro y un gran creyente en el poder divino.
“Esta medalla se la merece Dios más que todo”, expresa García Rodríguez con un visible gesto de agradecimiento que se eleva hacia el azul del cielo.
Milton García, como sencillamente se le identifica deportivamente, se convirtió en el sexto atleta pinolero que le brinda una presea de oro al país azul y blanco tras superar en el combate decisivo a Juan González de Guatemala.
Vale decir que conquistar una medalla, cualquiera que sea, para los atletas criollos equivale a forjar una hazaña.
Tanto es así, que cuando el color del triunfo es dorado lo celebran como si se tratara de haber ganado una Olimpíada.
“Le doy Gracias a Dios por esta medalla, por haberme dado fuerza para ganarla y dedicársela al pueblo de Nicaragua, a mi familia, a mis hijos y a todos lo que me apoyaron”, reitera García, quien asegura practicar el catolicismo desde su nacimiento.
El doble medallista en Juegos Centroamericanos comenzó su prolífica carrera deportiva hace 15 años. Se inspiró en el ejemplo de su fallecido hermano José Luis García, el mayor de la familia García-Rodríguez.
Cuando el primero de sus hermanos solía practicar el karate en el patio de su casa, Milton no se perdía por nada cada entrenamiento.
“Eso me emocionó y me decidí primero por el karate y después por el judo”, relata en torno a sus primeros pasos en esta disciplina basada en las artes marciales.
“Después me quedé en el judo porque es un deporte completo, donde se necesita mucha fuerza física y mental”, agrega García Rodríguez.
Este judoka pinolero, el menor de ocho hermanos, surge de una familia humilde encabezada por el señor Miguel Ángel García y doña Teresa Rodríguez.
“Soy el mimado de la casa. Soy el hijo bien portado. Amo a mi madre y por eso creo que me va bien en la vida”, revela cuando se refiere a sus relaciones familiares.
A FONDO CON MILTON GARCÍA
¿Qué es lo primero en tu trajinar deportivo?
“Cuando me toca pelear encomendarme para honra y gracia de Dios. Yo soy bien católico”.
¿Cuánto haces por el judo?
“Hay tantos sacrificios que no los podría enumerar con exactitud. Mi día es largo, tengo que acomodar mi tiempo”.
¿Cómo haces para mantenerte?
“Con el sueldo que devengo en la UNAN, como profesor de educación física, resuelvo para la familia. Me las ingenio para cubrir las necesidades”.
¿Las personas claves en tu rendimiento deportivo?
“El entrenador cubano, Fulgencio Deliz. Cuando estuvo en nuestro país él me ayudó mucho tanto en mi carrera profesional como personal. En estos momentos también estudio Psicología en la UNAN”.
¿De qué manera recibirán el triunfo en tu familia?
“Muy contenta en particular mi mamá, Teresa Aguilar. Siempre me dice que si yo soy feliz ella también siente lo mismo. Vive orgullosa de que yo represente a Nicaragua”.
¿Alguien más que sea fundamental en tus éxitos?
“Mi esposa, María José Aguilar. Sin su comprensión a lo mejor y ya hubiera dejado el deporte”.
¿Algún beneficio?
“Económicos nada, pues todavía vivo en casa de mi mamá. Sin embargo, espiritualmente me ha hecho crecer como humano, a respetar la vida”.
¿Gente que te admire?
“Mi hermana Teresa, su esposo Nelson Mercado y mis sobrinos Karen y Engel. Otro que debe estar feliz es mi hermano, Marlon. Él también practica el judo”.
¿Algún respaldo?
“Conté con todo el apoyo de la UNAN por medio del vicerrector, Elmer Cisneros. Tengo que agradecerles”.
¿Vale la pena la vida del deportista en Nicaragua?
“Es muy sacrificada. Lo que pasa es que nosotros somos muy románticos. Por eso, aún existe el deporte en nuestro país”.
¿Tuviste apoyo del Gobierno?
“No. Ese no sirve para nada. Más bien se ha terminado con el deporte en los últimos años, sin darse cuenta de que es la ventana al Mundo”.