Ernesto Medina S.*
Aunque ya casi nadie se atreve a hablar del fin de la Historia, el fin de la Utopía sigue siendo un tema popular entre los intelectuales del mundo unipolar, de la globalización y el mercado. Al asociar la Utopía con las sociedades que quisieron imponer los regímenes autoritarios surgidos bajo la influencia de la Unión Soviética se logró desprestigiar tanto el término que se ha convertido en sinónimo de vano, inútil, infructuoso.
Como es muy común en nuestro medio, cuando queremos descalificar algo, simplemente le ponemos un sello o un estereotipo, que lo asocie con algo negativo. Si esto va acompañado de la cita de autoridades como Thomas Moore o Santa Teresa de Jesús, quedarán pocas dudas de que lo que se dice debe ser cierto y si todo esto se adorna con expresiones irónicas y adjetivos de connotación negativa, ya está dicha la última palabra.
Lamentablemente, éste es el método a que recurre el Sr. Jorge Salaverry para pretender descalificar el esfuerzo realizado por un amplio grupo de nicaragüenses, coordinado por CONADES y el CONPES, que ha sido presentado recientemente con el título de “Visión de Nación, la concertación de nuestro futuro”.
Como se dice en la presentación del documento: “Aquí se recogen los puntos de vista expresados por los diversos actores de la Nación… Se destacan las coincidencias y enfoques comunes que le dan sentido e intención”.
Aunque los que participamos en este esfuerzo tenemos visiones del mundo y de Nicaragua muy diferentes, creo que nos une, por un lado, el deseo de fortalecer nuestra incipiente democracia tratando de abrir espacios de participación para todos los sectores genuinamente interesados en el bienestar y desarrollo del país. Por otro lado, creo que nos une el convencimiento de que la sociedad en que vivimos es imperfecta pero que puede y debe mejorarse.
Naturalmente que al enfrascarnos en una tarea tan compleja, con actores tan diferentes y dedicarle buena parte de nuestro tiempo y entusiasmo no se nos ocurrió nunca que este proyecto es irrealizable. Difícil, sí; probablemente muy difícil, pero no imposible. Tampoco se nos ha ocurrido que la realización de un proyecto como éste requiera la instauración de una dictadura totalitaria, que suprima todo vestigio de libertad individual. ¿Acaso las empresas y los países más exitosos de la actualidad no tienen en común el haber sido capaces de desarrollar y compartir una visión, sea ésta implícita o explícita?
Nos ha movido, sobre todo, el sentido de realidad. Creemos que Nicaragua, con el grado de polarización que la caracteriza, si no tiene un proyecto que motive y una a los más amplios sectores de la sociedad, es un país inviable en el actual contexto mundial.
La idea de una visión y una agenda compartidas no tiene absolutamente nada que ver con los “planes” de una economía centralizada. Se trata solamente de compartir objetivos y metas y que cada quien haga lo que le corresponde hacer de la manera más eficiente posible.
Problemas centrales para el desarrollo y bienestar del país como los que padecen el sector salud y el de educación no se resolverán si no hay una acción concertada del gobierno, los empresarios y empresarias, las diversas formas de expresión de la sociedad civil y la comunidad internacional. De hecho, en el país ya hay decenas de iniciativas para ampliar la cobertura y mejorar los servicios de educación y de salud, pero la mayoría de ellos al estar dispersos y sin coordinación no alcanzan los objetivos propuestos aunque éstos sean los mismos.
La reactivación productiva del país y, sobre todo, su inversión en el cada día más competitivo mercado mundial no puede ser sólo tarea del sector privado, requiere de estímulos y hasta de la protección del Estado y el apoyo de los trabajadores. Esto será tanto mejor y efectivo en la medida en que se pueda trabajar conjuntamente.
Estamos convencidos de que esta Visión de Nación solamente es posible en el marco de un verdadero Estado de Derecho, que vaya mucho más allá de lo formal, que respete y garantice los derechos fundamentales de todos los individuos. Un Estado de Derecho diseñado para proteger los privilegios de una minoría es insostenible. El verdadero reto de Nicaragua es incorporar al mundo moderno a una amplia mayoría de la población que ha quedado marginada y relegada. Esto no es utopía ni tristes sueños de opio, es la base de la garantía de la propiedad privada y, sobre todo, de su desarrollo. También es la única manera de construir una verdadera y sólida democracia, que sigue siendo nuestro mayor anhelo.